El Unicaja sonríe a costa de un deprimido Gran Canaria

No hay quien cure la depresión del Herbalife Gran Canaria. Paliza tras paliza, hoy no le bastaron ni siquiera las ganas para inquietar a un seguro Unicaja que manejó el partido a su antojo desde el segundo cuarto. Nada que objetarle a su más que merecido triunfo en la isla.

Parecía el Granca querer enmendar rápidamente la plana, tan triste su imagen de los últimos partidos, acaso propia de un equipo en descomposición, de momento impropia de un equipo que aspira, como poco, a Copa del Rey y playoff. Un activo Albicy estrenó el partido con un triple, pero sendos triples de Alberto Díaz y Bouteille le dieron rápidamente un 3-8 al Unicaja. Como hasta la fecha, parecía el Herbalife un equipo desnortado, que juega sin orden ni concierto, hasta que Wiley y Albicy, de nuevo desde más allá del 6,75 y un poco de fortuna, empataron a 8.

Shurna le dio ventaja al Gran Canaria, 10-8, para certificar un parcial de 7-0 a favor del equipo insular. Entonces, el partido entró en una atractiva vorágine ofensiva, con un eléctrico intercambio de canastas, en el que Herbalife se ponía dos puntos por encima y el Unicaja empataba hasta que Costello, con un gancho marca de la casa, le dio a los suyos un 18-14 que estiró Ferrari desde el triple hasta que Brizuela dejara el 21-16 con el que se llegó al final del primer cuarto.

Precisamente, el escolta vasco se puso el partido por montera en el segundo acto. Primero, hizo el 21-20 antes de que Díaz volviera a poner por delante a la formación andaluza, y con un triple dio brillo a un parcial de 0-9 con el que el Unicaja arrancó el cuarto: 21-25. Brizuela seguía a lo suyo, y con un nuevo triple que supuso el 23-28 obligó a Fisac a parar el partido cuando todavía restaban 6:29 de periodo y el parcial en contra ascendía entonces al 2-12.

Lejos de reaccionar, el Granca se encontró con otro enceste lejano, ahora de Suárez, 23-31 que cayó como una pesada losa en su alicaída moral. Sacaron lo locales algo de su orgullo malherido, y un 2+1 de Costello, 11+5 en la primera parte, alimentó las esperanzas locales: 30-35. Sin embargo, aguantaba el Unicaja sin mayores agobios las embestidas de su rival, e incluso se marchó al descanso con su máxima del partido hasta el momento, 32-41 tras una suspensión de Bouteille (antes había llegado el 30-39 luego de una canasta de Francis Alonso).

Como si no hubiera pasado el tiempo, el tercer cuarto parecía la perfecta continuación de lo que estaba pasando antes del descanso. Así, el propio Bouteille continuó la contienda con un triple, 32-44, ante un Gran Canaria desdichado anímicamente, totalmente perdida la batalla psicológica, vencido por sus propios demonios. Acto seguido, dos canastas seguidas de Thompson le daban a los suyos un 35-50 que anunciaba una nueva tunda a recibir por el Herbalife.

Sin embargo, cuando más hundidos parecían, sacaron los locales fuerzas de flaqueza. Primero, otro triple de Albicy algo alimentó el fuego de la esperanza local: 40-50. Justo después, un mate de Wiley confirmaba el conato de remontaba, lo que obligó a Casimiro a pedir tiempo muerto cuando quedaban exactamente cinco minutos para el final de este periodo. De repente parecía más que aturdido el Unicaja, pues los respectivos triples de Costello y Albicy, el 5º, anunciaban batalla: 48-52.

Al rescate andaluz acudió, cómo no, un inmenso Darío Brizuela, que enchufó un triple, 48-55, que supuso vitamina para los suyos. Ni que fuera una canción recitada a coro, desde idéntica distancia conectaron con el aro, uno detrás de otro, Thompson, Ferrari y otra vez Brizuela para dejar al Unicaja con cierta calma, 51-61, antes de que Okoye le sacara un 3+1 a este último para apretar de nuevo el marcador, 55-61, más ajustado incluso al final de este cuarto: 60-64.

Al inicio del último se estrenó Nzosa para poner el 61-66, y el quinto triple de Brizuela, hiperactivo en ambos lados de la cancha, alejaba al Unicaja: 63-71. El Granca, mediante arreones, conseguía estar dentro del partido pero no conseguía inquietar el dominio andaluz mientras el partido se consumía. Un palmeo de Guerrero le daba a los de Casimiro una ventaja que bien pudo ser definitiva, 72-82, pero los amarillos de decían de momento su última palabra. Con un triple de Dimsa se ponían a cinco, 77-82, y la distancia se pudo recortar incluso más si Wiley llega a reventar el aro del Unicaja. De hecho, no lo hizo por recibir una clara falta de Díaz que únicamente no vieron los árbitros.

En la locura de los últimos segundos, el Unicaja templó mejor los nervios para certificar su tercer triunfo del curso ante un Gran Canaria que sigue su caída libre, con cinco derrotas ligueras consecutivas.

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