El juego de buscar culpables y excusas

En las malas situaciones es fácil buscar culpables y también excusas. Seguramente ambas situaciones podrían tentar a cualquiera. Lo cierto es que tras la derrota ante el Alavés la sensación no puede ser peor. Vamos con el capítulo de las excusas, empezando por ese dichoso penalti con la expulsión que cambia el partido de forma radical. Hasta ese minuto 22 el partido era del Real Valladolid, con control, con llegadas, con paciencia para ir madurando cada jugada… pero la sensación de que otra vez pasaba lo peor se adueño de todo el mundo, y cuando digo todo me refiero al equipo. Ni el fallo en el lanzamiento sirvió para animar a las huestes de Sergio, que acusaron el golpe de estar con uno menos como si fuera definitivo. La lluvia había caído fuerte y el campo se hizo pesado, por seguir buscando justificaciones, y todo ello ayudó a que el Real Valladolid se fuera diluyendo.

Es como si hubiera un ‘click’ que saltara en el cerebro colectivo y les dijera ‘ya está, ya estamos con esos errores puntuales que nos abocan a la derrota’ y nadie fue capaz de despertar. Para colmo el Alavés que llegaba en una dinámica también de emergencia, templó sus ánimos y fue madurando el partido hasta encontrar los goles ante una defensa que se fue deshilachando poco a poco hasta quedar casi en evidencia. No, esta defensa no es la de otros tiempos, ni de lejos y no son cimientos para construir el edificio.

Hay mucho que revisar y no vamos a pedir peras al olmo, pero entrar en una espiral de autodestrucción no nos conduce a nada… ponernos una venda en los ojos tampoco. Viene el capítulo de los culpables. ¿Quién es culpable de que Nacho haga un penalti? pues nadie, son circunstancias del juego que acarreó el nerviosismo posterior. Algo está pasando en este equipo que no es ni la sombra de aquel que basaba todo su poder en la defensa. Recuerdo la primera rueda de prensa de Roberto Jiménez y su respuesta a la elección que había hecho de llegar a Valladolid, fue precisamente tras el partido en el que Joaquín le marcó el gol salvador, allá por el 4 de julio. Roberto dijo que había visto enfrente a un equipo que nunca se daba por vencido… ¿dónde está ese equipo? el de ahora se deshace como un azucarillo ante el primer sopapo. Por cierto ya tres penaltis en contra en siete partidos… totalmente evitable.

No se trata de personalizar para culpar a nadie en concreto, pero hay nombres, empezando por Sergio por supuesto. El técnico buscó un cambio de paso con la entrada de Weissman, de Janko… de Kike, la vuelta de Orellana… y estaba funcionando hasta la dichosa jugada de la expulsión. Con 10 hubo muchos que desaparecieron, que cada uno le ponga nombre y los busque, no es difícil, basta con ver el partido y la aportación de algunos. Sergio los pone, los coloca, pero no juega por ellos.

Por último insistiré en una idea que ya expresé hace semanas; es cierto que queda mucho, pero no me gusta ese mensaje. Queda mucho, pero ese mucho puede ser un suplicio si no cambiamos el paso ya. El Espanyol se fue a Segunda pensando que le quedaba mucho y que podría reaccionar, reacción que no llegó ni para los ‘pericos’ ni para el Mallorca, aunque el Leganés la rozó pero también descendió. Queda mucho, pero para un equipo deshilachado, que se desmorona parece un camino lleno de espinas. Sigo sin detectar la necesidad en los ojos de los jugadores, en sus actos, en su intensidad. No hay ni la rabia necesaria para ser agresivos, sin pasar la raya, y hacer sentir al rival que estamos en situación límite… lo cierto es que no se hacen ni faltas. No me vale el discurso de queda mucho… cada partido es una final que hay que ganar y si no lo empezamos a ver así, estaremos asistiendo a un descenso a los infiernos sin enterarnos.

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