Roglic golpea más fuerte

Hay veces en las que un solo kilómetro justifica una etapa completa, casi una carrera. El último kilómetro de la subida al inédito Moncalvillo fue un canto al buen ciclismo, un combate al descubierto entre Primoz Roglic y Richard Carapaz, el aspirante y el líder. El gran duelo de esta Vuelta 2020. Su intercambio de ataques, mirándose a la cara, brindó un espectacular final que se decantó del lado esloveno. Roglic demostró que la pérdida del maillot rojo en Formigal fue un accidente, un imprevisto, un despiste por culpa de un chubasquero. Gajes del oficio. Su último golpe fue más rotundo y recortó 17 segundos a Carapaz, bonificaciones incluidas, para quedarse a 13 del liderato. Hay pelea. Dan Martin, a 28”, y Hugh Carthy, a 44”, todavía mantienen la estela. Más lejos aparece Enric Mas, a 1:54, que no pudo rematar el trabajo del Movistar. Le falta un poco, justo ese punto que decide las carreras.

La jornada había arrancado con retiradas ilustres, que dañaron la línea de flotación de los favoritos. Se bajó Tom Dumoulin, que había venido a la Vuelta con las más altas pretensiones, pero muy pronto se dio cuenta de que no tenía ritmo para competir con los mejores, y días después ha asumido que ni siquiera se encuentra para echar una mano a Roglic. El cansancio se acumula, no recupera, y el Jumbo ha decidido que era mejor devolverle a casa. Carapaz también ha perdido a Michal Golas, en este caso por un problema familiar: su mujer tiene coronavirus. La pandemia se ha cobrado su primera baja, esta vez de forma indirecta. El Ineos se queda así con seis corredores, una vez que Brandon Smith Rivera ya se había bajado, cuando no se ha llegado todavía al ecuador de la carrera. Lo va a notar. Lo está notando.

Movistar, mientras, enseña músculo. Más del que realmente tiene. En el puerto de La Rasa lanzó un mensaje a los seis escapados: hoy no es vuestro día. El equipo telefónico quería la etapa en el Moncalvillo, allá donde uno de sus históricos, el Chava Jiménez, había logrado la victoria en la Vuelta a La Rioja de 1994, con sólo 23 años, en duelo directo con Alex Zülle, donde veces campeón de la ronda española. Alejandro Valverde propuso el primer ataque en la subida final, más como desgaste que como solución. El Jumbo y el Education First cogieron las riendas. Un mazazo que sufrió dolorosamente Andrey Amador, que se descolgó a cinco kilómetros. Si falla el costarricense, Carapaz se queda solo. No tiene equipo. Sí buenas piernas.

Hugh Carthy, a 18 segundos en la general, aprovechó esa soledad para atacar a 3,5 kilómetros. Sólo le respondió Sepp Kuss, el fiel gregario de Roglic, escalador inquieto. Carapaz amagó con seguirles, pero prefirió dosificarse. Sin compañeros, no puede salir a todo. Tiene que correr con cabeza. Roglic se mantuvo frío, siempre cerca del ecuatoriano, con Kuss por delante. Fue el momento en el que Carapaz decidió que la mejor defensa siempre es un buen ataque. Y metió una marcha más hacia arriba. Roglic aguantó esta primera andanada, igual que aguantó las siguientes. Carthy y Dan Martin enlazaron. También Aleksander Vlasov, que vio su oportunidad. Mientras los cuatro primeros de la general se marcaban, el prometedor ruso se fue hacia arriba. Vio luz verde en el semáforo, pero los dos capos de la Vuelta no estaban por la labor.

Lo que ocurrió en el último kilómetro fue una oda al ciclismo. Un tuya y mía de Roglic y Carapaz. Un duelo a mamporrazo limpio. Sin perderse la cara, como dos boxeadores. Primero arrancó el esloveno. Luego el ecuatoriano. Así hasta que Roglic asestó un último golpe letal que le sirvió para imponerse en el Moncalvillo y para recortar 17 segundos al. De momento, sólo un chubasquero ha tumbado al líder del Jumbo, vencedor a los puntos de un combate sin cuartel en la cima riojana. Un digno homenaje al Chava. Carapaz todavía no está KO, ni mucho menos. El fin de semana asturiano promete. La Farrapona y el Angliru. Que llegue ya.

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