A Hazard le llega la hora de los diferenciales

El Madrid derrotó al Huesca como solían ganar los grandes: sin aparente esfuerzo, con suavidad y buenos goles. Esta clase de partidos suelen llegar cuando la Liga está engrasada y empieza a hablarse de velocidades de crucero en los favoritos. No se sabe si este momento ha llegado -victorias simétricas del Madrid y del Atlético, pero un empate imprevisto del Barça– y menos aún en una temporada tan particular que no hay manera de adivinar su recorrido. De momento es casi milagroso que el fútbol acuda puntualmente a los estadios vacíos y a las televisiones de los aficionados.

No hizo nada especial el Madrid en la primera parte, ni tampoco en la segunda, excepto el intangible de la autoridad, la sensación de que el encuentro se decantaría irremediablemente del lado de Zidane y sus chicos. La autoridad es cosa del escudo y la historia, que pesan mucho en el fútbol, pero sobre todo de los jugadores. El partido se mantuvo un buen rato en una tibieza que beneficiaba al Huesca, equipo construido para jugar bien con futbolistas que se esfuerzan por conseguirlo. Esa narrativa se acabó con un golazo de Hazard.

El gol fue una de esas pequeñas joyas que van más allá del espléndido zurdazo del jugador belga. Tan notable como el remate resultó el control en la recepción, el perfil que manejó Hazard para aprovechar el pase y alejar al marcador de cualquier posibilidad de quite, la utilización del cuerpo como elemento de separación. Toda la sabiduría de los buenos futbolistas estuvo en ese sencillo gesto. Le permitió controlar, orientar la salida, escapar y preparar el tiro desde fuera del área.

Hazard se alineó por vez primera entre los titulares. El gol fue la noticia, pero lo más prometedor radicó en la impresión que transmitió Hazard. Jugó una hora y no se quejó del tobillo. Un paso adelante, en definitiva, para un futbolista que en términos reales es el fichaje del Real Madrid. Apareció poco y se lesionó mucho. En un verano sin cambios en el equipo (regresó Odegaard después del periplo holandés y una excelente temporada en la Real Sociedad), el madridismo espera a Hazard con la máxima expectación.

Al Madrid le han faltado jugadores diferenciales en los últimos meses, al menos en el número que se supone un equipo de su categoría. Courtois, Sergio Ramos y Benzema han figurado en todas las alineaciones ideales de la Liga y de la mayoría de las encuestas en el fútbol europeo. Sin embargo, parece un equipo con un territorio acotado, doméstico. Sufre en la Liga de Campeones y se encuentra más cómodo en la Liga, a pesar de algún patinazo inesperado.

A Hazard se le señala como el hombre encargado de cerrar la brecha entre el principal objetivo del Real Madrid (la Copa de Europa, sin duda) y su discurrir en la Liga. Para que eso ocurra, una tarea de titanes para cualquier jugador, por bueno que sea, Hazard tiene que jugar cotidianamente, confiar en la correcta respuesta del tobillo y asumir las responsabilidades de las figuras.

El partido con el Huesca fue el punto de partida para el belga, una tarde amable, favorecida por la conexión que le brindó Benzema, encantado de recibir a un colega que se explica en el mismo idioma futbolístico. Lo que llega ahora es otra cosa: el partido con el Inter dirá mucho de la situación del Madrid en esta edición de la Liga de Campeones. Los dos equipos atraviesan por dificultades en la competición y no se pueden permitir concesiones. Es el tiempo de los futbolistas que marcan diferencias. La atención general se destinará a Hazard, sin ninguna duda.

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