La final de noviembre

Con el Inter a punto de subirse al vuelo que le traería a Madrid, Zidane tomó ante los periodistas el atajo del tópico: «Cada partido, en este club, es una final». Unos más que otros, cabría decir. Con el de hoy exageró poco. Madrid e Inter, favoritos en el grupo, llegan a la tercera jornada sin ganar y en serio peligro de verse fuera a las primeras de cambio. Al Inter ya le ocurrió el año pasado y acabó en la Europa League que el Sevilla le quitaría en la final. Ahora está peor, con menos puntos en su Liga y más bajas en puestos clave (sigue el partido en directo en As.com).

El Inter se ha gastado casi 400 millones en fichajes en las tres últimas temporadas para acabar con la abusiva hegemonía de la Juventus. Ese es el sueño de su propietario, Zhang Jindong, un empresario y político chino con una fortuna 8.300 millones que ha puesto a su hijo Steven al timón. Hace dos temporadas contrató a Antonio Conte, uno de esos entrenadores de efecto tan inmediato como efímero. Un carácter como el suyo levanta a un equipo en vertical, pero resulta incómodo en los vestuarios. Lo saben Diego Costa, Courtois o Hazard, de su época en el Chelsea. Y Balotelli, Willian, Morata… Y lo temió la plantilla del Madrid cuando sonó como relevo de Lopetegui. «El respeto se gana, no se impone», dijo entonces Ramos en tono admonitorio.

El carácter de Conte

Conte llegó al banquillo de la Juve, equipo en el que jugó 13 años y del que fue capitán sin ser gran figura, y conquistó tres ligas consecutivas en tres años antes de marcharse a dirigir la selección. Después fichó por el Chelsea y ganó la Premier a las primeras de cambio. En el segundo año conquistó la Copa y perdió la pelea con la caseta y el empleo. El año pasado, con el Inter, se quedó a un punto de la Juventus en la Liga y decidió seguir después de pensárselo.

Ese carácter expansivo, que bien ha de conocer Zidane, con el que compartió vestuario cinco años, no es sólo intramuros. Diagnosticó «demencia senil» a Mourinho cuando este le acusó de comportarse como un payaso en la banda; se voceó con Guardiola en un partido contra el City; de Capello dijo no recordar «su buen juego y sí los scudetti anulados»… También dio instrucciones precisas a sus futbolistas sobre frecuencia, duración y posturas sexuales en tiempo de competición.

Un equipo sin puntería

Mantener al vestuario despierto y hacer indescifrable a sus rivales el 3-5-2 que le acompaña son sus grandes virtudes, pero ahora las cosas no marchan como se esperaba. Sólo ha ganado uno de los últimos seis partidos, el Inter lleva siete puntos menos que el curso pasado a estas alturas y no contará con Lukaku. El belga, que ya era titular en el Anderlecht y en la selección con 16 años, metió 23 goles en la Serie A el año pasado y recondujo una carrera que se apagaba en el Manchester United. Pese a ello, el Inter pagó 74 millones por él y la cosa resultó. Su baja es crucial, porque el segundo cañón, Lautaro Martínez, está atascado. No marca desde hace un mes (cinco partidos). Y tampoco se ha estrenado Alexis, otro de los tocados. Eriksen es un fichaje fantasma y Skriniar, uno de sus centrales, acaba de superar el COVID. Crea más de lo que produce: 43 disparos ante Borussia Shakhtar para no ganar.

Kroos al mando

También la pandemia ha limpiado del partido a Militao, pero el Madrid ha mejorado en los últimos tiempos y podrá presentar un once muy parecido al de gala. Cuenta con que se recupere Lucas Vázquez y con sus cambios ante el Huesca Zidane fue retratando el once. Reservó a Kroos de salida y cambió a Valverde y Casemiro. Ya tienen el centro del campo. También sustituyó a Hazard y Asensio, lo que hace pensar que este tiene ventaja sobre Modric, que jugó todo el partido. Y recuperarán su plaza de titulares Varane y Mendy. Benzema, que ha marcado tres goles en los dos últimos partidos, sigue siendo el clavo ardiendo.

Pese a ser un clásico en Europa, Madrid e Inter no se han visto en el siglo XXI. En el XX, el equipo italiano ganó más partidos (7-6), pero perdió más eliminatorias (cinco) de las que superó (una). El doble duelo de ahora será casi eso: un todo o nada.

 

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