Biden versus Trump: la disputa presidencial que fractura a Estados Unidos

Hacer grande nuevamente a América. Esa fue la consigna principal de Donald Trump para llegar a la Presidencia hace cuatro años. El empresario irrumpió con un discurso frontal y simple: la decadencia americana se debería a que los americanos consumirían productos asiáticos y europeos, pero en esos países no se compraban productos americanos. El auge chino sería a costa del desempleo en América. Reclamaba que los estadounidenses financiaban la defensa de Europa, Japón y Corea del Sur, mientras los europeos solo se preocupaban de sus pensiones. La ONU sería una burocracia carísima e ineficaz en su visión. EE.UU. habría cedido mucho, y lo pagaban las familias americanas, crecientemente desempleadas y amenazadas por migrantes cada vez más numerosos y violentos. El horizonte era peor: se corría el riesgo que EE.UU. caminase hacia el socialismo. La solución era una sola: encabezar una gran movilización para volver a hacer grande a América. Ojo, en EE.UU. se refieren a su país como “América”.

Como sabemos, el proceso electoral concluyó ayer, pero el resultado aún no está definido. Pese a que la mayoría de las encuestas le daban una amplia preferencia a Joe Biden, el presidente Trump ha obtenido hasta ahora una buena adhesión. La abultada votación por correo unida a los diferentes sistemas de conteo en los Estados que componen la Unión Americana, auguran un recuento prolongado. Nos recuerda lo que sucedió en las elecciones del año 2000 cuando luego de semanas y alegatos judiciales, George Bush terminó siendo declarado ganador sobre Al Gore. Todo augura que cualquiera sea el resultado, este no será contundente para ningún candidato. Se asoma un periodo que pondrá a prueba a la institucionalidad estadounidense. Es probable que sea la Corte Suprema la que dirima finalmente el resultado electoral.

En los años de la administración Trump se ha fortalecido el discurso ultranacionalista, integrista y aislacionista (…) La cohesión social de los EE.UU. está siendo puesta a prueba. También la fortaleza de sus instituciones.  Mas aún, cuando el Jefe de Estado denuncia fraude. 

El fantasma que recorre los EE.UU, es que del proceso electoral, transiten hacia una crisis política. El propio presidente que días antes venía denostando a la votación por correo, profundizó su crítica en la noche de la elección. No solo denostó, proclamó su triunfo y además denunció fraude. Por su parte, en la noche de las elecciones, Joe Biden mostró confianza en el rumbo del recuento.

Tendremos días de incertidumbre, con las consecuentes repercusiones en la economía, ya bastante castigada por la pandemia. En EE.UU. han fallecido más de 200.00 ciudadanos. El desempleo se ha disparado. Pero eso no es todo.

En los años de la administración Trump se ha fortalecido el discurso ultranacionalista, integrista y aislacionista. Temas como el aborto, la venta de armas, la actitud ante la migración, inclusive la tensión racial, se han agudizado. No es solo un tema de ideas y debates. En estos años se han fortalecido organizaciones afines, incluidas milicias impregnadas de supremacismo racial. La mayoría de ellos, merced a la venta de armas, están bien equipados con armamento largo. Los desgraciadamente reiterados casos de abuso policial, especialmente en contra de la población afroamericana, han jalonado los últimos tiempos, ocasionando protestas y también graves desórdenes que han incluido saqueos y destrucción.

Muchos analistas sindican al “discurso del odio” como resultado natural del mensaje cotidiano que emite la Casa Blanca. Ante el fortalecimiento de milicias que nos recuerdan al KKK, han surgido organizaciones de autodefensa de los afroamericanos, y grupos como Antifa. En estos últimos meses, la policía no ha sido suficiente para mantener el orden público en algunos estados y sus gobernadores han debido movilizar a la Guardia Nacional. Esta tensión preexistente a la elección estará presente en el desenlace del recuento electoral.

La cohesión social de los EE.UU. está siendo puesta a prueba. También la fortaleza de sus instituciones. Mas aún, cuando el Jefe de Estado denuncia fraude.

EE.UU es la primera potencia económica y militar del planeta. Lo que allí suceda repercutirá en todo el orbe. El mundo está cambiando y eso impacta a todos. Un agudo comentario señalaba hace poco que los EE.UU. vivieron mucho tiempo fuera del mundo, por 70 años lo hicieron encima del mundo, y ahora deberán acomodarse a hacerlo “en medio del mundo”.

A la fecha de redacción de este artículo, desconocemos quién será el próximo presidente de los EEUU. Es más que probable que esa incertidumbre se mantenga más tiempo de lo que podemos prever. Esa tensión sacudirá a la sociedad norteamericana.

La Historia dirá si en estos años América volvió a ser grande. Pero es evidente que hoy en día, América es una sociedad fracturada.

Como sabemos, el proceso electoral en Estados Unidos concluyó ayer, pero el resultado aún no está definido. Pese a que la mayoría de las encuestas le daban una amplia preferencia a Joe Biden, el presidente Trump ha obtenido hasta ahora una buena adhesión. La abultada votación por correo unida a los diferentes sistemas de conteo en los Estados que componen la Unión Americana, auguran un recuento prolongado. Nos recuerda lo que sucedió en las elecciones del año 2000 cuando luego de semanas y alegatos judiciales, George Bush terminó siendo declarado ganador sobre Al Gore. Es probable que sea la Corte Suprema la que dirima finalmente el resultado. Se asoma un periodo que pondrá a prueba a la institucionalidad estadounidense bajo el fantasma que del proceso electoral el país transite hacia una crisis política.

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