¿Puede sustituirse la mascarilla por una bufanda si hace frío?

El frío ha llegado ya a muchos puntos de España y la mascarilla puede convertirse, de nuevo en una gran molestia. En verano era incómoda porque daba calor. Ahora puede resultar tediosa porque no es fácil combinarla con las ropas de abrigo que nos solemos poner para protegernos de las bajas temperaturas, como pañuelos o bufandas. Ante esto, algunas personas pueden pensar erróneamente que sobra con subirse un poco más estas prendas para que cubran la cara y prescindir así de la mascarilla. Pero no, en ningún caso se pude sustituir las mascarillas porque solo ellas pueden garantizar nuestra protección frente a la COVID-19.

El tejido de las bufandas y pañuelos no está diseñado para evitar el coronavirus, por lo que su eficacia de filtración es mucho menor que la de las mascarillas, ya sean quirúrgicas o higiénicas de tela. Además, las mascarillas son un producto que está diseñado específicamente para que quede ajustado y tape por completo la nariz y la boca, mientras que las otras prendas pueden moverse, dejándonos expuestos al virus.

¿Cómo usar las dos cosas a la vez?

La mascarilla debe ir ajustada a la cara, por lo que, en principio no habría inconveniente en combinarla con un pañuelo o una bufanda, ya que estas prendas van colocadas alrededor del cuello. Eso sí, debemos llevar cuidado de que no se rocen, ya que, si algún elemento se mueve, el pañuelo podría tocar la mascarilla por dentro y contagiarnos en caso de estar contaminado.

Durante los días en los que haga mucho frío, podemos colocar la bufanda sobre la mascarilla, siempre y cuando esta última no se mueva. Sin embargo, al quitarnos la prenda deberemos tratarla como material potencialmente contaminado, evitar que entre en contacto directo con la boca o la nariz y meterla en la lavadora antes de ponérnosla de nuevo para evitar cualquier riesgo de infección. Es recomendable, igual que con las mascarillas reutilizables, lavarla a diario.

Los guantes antes que la bufanda

Cuando hace mucho frío, además de bufandas, solemos usar guantes para proteger también nuestras manos. Pues bien, debemos tener en cuenta que antes de quitarnos la bufanda tenemos que quitarnos los guantes porque tienen más posibilidades de entrar en contacto con superficies contaminadas. Asimismo, es recomendable lavarlos con la mayor frecuencia posible y evitar tocarnos la cara con ellos.

Actuaré igual que si esos guantes fueran mis manos. No los lavaré cinco veces al día, pero tengo que tener cuidado con no tocarme la cara. Es decir, si los trato como superficie contaminada y no me toco la cara ni ninguna otra cosa con los guantes, los puedo llevar más tiempo. Si no, tengo que lavarlos con más frecuencia”, explica en Maldita Marea la investigadora ambiental Maria Cruz Minguillón, del Instituto Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC).

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