¡Que empate el mejor!

Hoy se enfrentan mis dos equipos del alma, mis dos pasiones: Cádiz CF y Atlético de Madrid. Como suele ocurrir con la música o las películas, Cádiz y Atlético me emocionan cuando ganan o pierden. La mayor alegría y orgullo es que lo hagan en Primera. Y los dos llegan bien. El amarillo está sorprendiendo en su vuelta a LaLiga y los rojiblancos, estabilizados (8 años cholistas) entre los grandes de Europa. Con mayor frecuencia que otras veces, compañeros de los medios han querido saber mis deseos para este partido. Está claro que la cabeza y el corazón en este caso, me piden lo mismo en un encuentro que no es decisivo. Se enfrentan dos equipos de autor. Una vez conseguido el ansiado ascenso del Cádiz, a la fiabilidad del bloque de Álvaro se ha sumado el talento de Negredo. Y el Atleti del Cholo sigue con sus señas de identidad, pero está siendo un poco más jugón liderado por la calidad de João Félix y competirá por todo hasta el final.

Para postularme y compartir mi corazón partido les explicaré a los jóvenes que no me identifican con el amarillo, que allá por 1985, un chaval con 13 años de Jerez hacía una maleta Puma roja más grande que él, llena de calzoncillos, calcetines y tres chándals. Aquel crío llegaba con 1.200 pesetas (7,20 euros) para pasar la semana a una pensión de Cádiz con otros 20 críos más de otras pedanías gaditanas en busca de cumplir el sueño de debutar en Primera con su ‘Caí’. A otros con amnesia les recordaré que llegué al Atlético agradecido a todos los que hicieron posible dar el salto a un equipo donde me curtí como persona en la salud y en las adversidades, teniendo momentos difíciles sobre todo al principio, cuando, después de una primera temporada mala, hubo muchas dudas de mi capacidad para jugar en un grande.

En el Atlético aprendí a sentir unos colores que no traía de serie y conocí la lealtad reflejada en la final en Mestalla ante el Espanyol después de bajar a Segunda, donde nos sentimos arropados por los nuestros. El apoyo tras perder aquella final y los 42 mil socios en el infierno son ejemplos de un sentimiento que se queda eternamente dentro de ti, de una afición que su prioridad son sus colores. Son detalles imposibles de a la hora de explicarlos. El único requisito es sentirlo. Un año parado por la operación de los tobillos me hicieron pararme, mirar y abrir las orejas para contemplar ese sentir de abuelos a hijos. Con Atlético de Madrid y Cádiz, con Cádiz y Atlético de Madrid, confluyen un mismo sentimiento. Sea el de un niño al que le dieron todas las herramientas para cumplir su sueño, como el de un hombre que después de llevar 28 años viviendo en Madrid, en la inmensa mayoría de los casos (prescrito ya algún detalle impregnado de ignorancia) te hacen sentir uno de los suyos. Es lo que tiene una buena educación en rojiblanco. Es obvio que sin ser un partido decisivo y a igualdad de sentimientos, mis deseos no pueden ser otro que para hoy. ¡Que empate el mejor!

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