El Cholo, Walt Disney y los becarios de Gay de Liebana

Decía el Cholo, tras conseguir estar de nuevo por octava vez entre los 16 mejores equipos de Europa, que para él no es normal esta clasificación. De repente salieron a relucir algunos, como si de los becarios de Gay de Liebana se tratase, con los números del presupuesto rojiblanco, comparándolos con Lokomotiv o Salzburgo y no les faltaba razón que esta clasificación más que un hito era una obligación, la de cumplir con las expectativas en una liguilla de seis partidos donde tienes tiempo a rectificar algún error. Yo preferí escuchar antes que a los nuevos economistas, la opinión de los allegados del Cholo Simeone, el senado rojiblanco, que al igual que yo, tomaron su opinión más como un recordatorio del técnico argentino a la dificultad de estar por octava vez entre los mejores.

Su intención era recordar de dónde se venía y la dificultad de encontrar una estabilidad durante tantos años ante tanta competitividad. Ellos tienen muy fresco de dónde se viene no hace más de una década. Los aficionados del Atlético son conscientes de que no es una clasificación para saludar a Neptuno. Lo toman más como el trabajo bien hecho de cumplir otro año más con los objetivos, siguiendo los pasos del flautista del Metropolitano, el Cholo, aquel que, para algunos, la temporada pasada ya había cumplido el ciclo y su mensaje ya estaba obsoleto sin ninguna posibilidad de calar en el vestuario. La obra de Simeone sigue adelante con firmeza, con esa convicción y pasión para transmitir entre los suyos, la que es sin duda para mí la virtud que más aprecio profesionalmente del Cholo. El día que le falte esa pasión y convicción, tendría que meterlo en el frigorífico con Walt Disney para, en tiempos de inestabilidad, volver a sacarlo.

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