La puja por Harden se amplía: Heat y Bucks se unen a la fiesta

El sainete no cesa. James Harden está empeñado en salir de los Rockets y hará todo lo posible por hacerlo. Todo empezó con la ya consabida petición de traspaso, lo que hizo a su equipo cerrar filas en torno a su máximo exponente en la última década (llegó a Texas en 2012) y hacer lo posible para que se quedara. Sin embargo, los intentos de la franquicia por contentarle no parece haber dado sus frutos, y La Barba sigue tensando la cuerda a la espera de que la directiva le encuentre un destino que le permita luchar por el anillo, algo que no cree que pueda hacer en unos Rockets desmadejados, que han perdido a su referencia en los despachos durante más de una década, Daryl Morey y al entrenador que más y mejor había compartido su filosofía, Mike D’Antoni. También a un compañero que, en esta ocasión, ha sido Russell Westbrook, pero que ha ocupado de forma efímera una posición por la que han pasado desde que se inició el proyecto, Jeremy Lin, Dwight Howard o Chris Paul con la misma suerte: salida por la puerta de atrás para aplacar los ánimos de un jugador que se caldeaba con cada eliminación en playoffs y veía cada vez más lejos el sueño de un anillo que ni ha llegado ni se le espera.

La llegada de John Wall y el aplacamiento de los rumores en torno a una posible marcha de Harden a Brooklyn (donde se encuentra D’Antoni) o Philadelphia (Morey) parece haber sido solo parte de un proceso que no tiene fin. James Harden no se presentaba a los entrenamientos con los Rockets y las redes sociales le situaban de fiesta en fiesta mientras su nuevo entrenador, Stephen Silas, cambiaba su pacificador discurso por otro más duro en el que ya no escondía un creciente desconcierto hacia una estrella que no sabe si entrenará. Finalmente, James Harden se presentó en Houston, pero todavía no ha entrenado con el equipo, ya que tiene que pasar hasta seis tests negativos de coronavirus para poder incorporarse a las prácticas, algo que sus compañeros hicieron en una fecha más adelantada precisamente para poder llegar al trainning camp sin problemas y que Harden no ha querido hacer, alargando sus vacaciones y forzando la situación hasta un extremo que ya parece insoportable.

Las últimas informaciones, adelantadas por Shams Charania, han ampliado la ristra de equipos para los que Harden quiere jugar. Los Nets y los Sixers siguen al acecho, mientras que los Warriors, protagonistas de tímidos intentos en la noche del draft, se han retirado de la puja, en la que aparecen otros dos contendientes: Miami Heat y Milwaukee Bucks. Eso sí, las cuentas siguen siendo las que son y no será fácil que cuadren. Primero, por la cantidad de dinero que el escolta tiene que percibir de aquí a 2023 (41, 44 y 47 millones en las próximas tres temporadas) y segundo, porque la contraprestación que pedirán los Rockets por La Barba será enorme. Ningún equipo puede ofrecer algo lógico y que compense la pérdida de uno de los mayores talentos ofensivos de la historia, y al menos estarán obligados a ceder dos jugadores fiables de rol y muchas rondas del draft para hacerse con los servicios de un jugador que ganó el MVP de la temporada en 2018 y que ha promediado 30,4, 36,1 y 34,3 puntos por partido en las tres últimos cursos.

A priori, los Heat pueden ser los mejor situados para realizar el traspaso. Tienen material joven para intercambbiar y la extensión máxima del contrato rookie de Adebayo no se da hasta el curso que viene, por lo que tienen espacio para pagar a Harden mientras hacen lo propio con Butler, que tiene 34, 36 y casi 38 millones pendientes hasta 2024. Ya conocemos la capacidad directiva de Pat Riley y su enorme poder de convicción, y si el su eterna (y eternizada) figura ve un hueco para hacer el movimiento podría lanzarse a por él, sabiendo ya del interés del propio Harden. Los Bucks también podrían entrar en la operación, con vistas a contentar a Giannis y cerrar positivamente el otro gran sainete de estos momentos en la competición, su renovación de cara a 2021, cuando es agente libre. Y compensarían así la no llegada de Bogdan Bogdanovic. Mientras tanto, Nets y Sixers siguen el acecho y, después de tantas vueltas, James Harden sigue perteneciendo a Houston Rockets. Y el día 22 de diciembre empieza el curso baloncestístico 2020-21. Con media NBA pendiente del destino de una estrella que quiere escribir una nueva página en la era de los jugadores empoderados y salir de la franquicia a la que no ha podido hacer campeona. En esas estamos.

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