“Me volvería a ir a vivir a Chicago sin pensármelo dos veces”

Sergio Alberruche Oter (Guadalajara, 1982) acaba de publicar ‘Nadie besa a los perdedores’, una antología de artículos publicados en distintos medios durante los últimos cuatro años, que ahora recopila en forma de libro. Alberruche es, para muchos (entre los que yo, por supuesto, me incluyo) uno de los mejores cronistas deportivos en lengua castellana, y su libro ha debutado con una buena acogida por parte del público. Sergio fue compañero en AS durante varios años y ha querido concederme su primera entrevista tras la publicación.

Hola Sergio, bienvenido a American Horror Sporty. Pienso que para empezar estaría bien que nos vendieses un poco el libro. ¿Qué es ‘Nadie besa a los perdedores’? ¿Qué nos vamos a encontrar si lo compramos?

En primer lugar, gracias por invitarme a American Horror Sporty. Estar aquí para mí es un honor porque se me ocurren pocos sitios mejores para estar que en uno en el que se ha escrito sobre franquicias que hacen tanking, equipos cuánticos (sin duda, su aficionado más leal sería Erwin Schrödinger) o competiciones de corto recorrido en nuestras vidas como la AAF o la XFL. Te recuerdo que aquí has escrito que Belichick es el Emperador Palpatine y que en tu mérito está también haber encontrado la mejor denominación de la historia para una dupla deportiva, la que formaban Tom Brady y el propio Belichick o, según tus palabras, “La cabra y el cabrón”. Dice Lucía Taboada, periodista de La Ventana de la Cadena Ser y autora del prólogo de ‘Nadie besa a los perdedores’, que mi libro es un “recorrido por las carreteras secundarias de las pasiones deportivas”, así que es obvio que tanto mi libro como yo nos encontramos ampliamente a gusto aquí, entre las páginas de American Horror Sporty.

Respondiendo a tu pregunta, si te compras el libro lo que te vas a encontrar son historias sobre deporte, pero no solamente sobre deporte. Siempre he creído que el deporte es el mayor reflejo de la vida y, como creo firmemente que la vida es dinámica y que está interrelacionada con lo que nos rodea, pues creo que el deporte también es así. ‘Nadie besa a los perdedores’ es un libro en el que tienen cabida la despedida de Totti, la lucha de Phelps contra la depresión o el regreso de Tiger Woods al Masters de Augusta tras su lesión, pero también, por ejemplo, la relación de Donald Trump o de JFK con el deporte. Y, por supuesto, también es un libro sobre viajes, en el que puedes pasar de Berlín a Roma o saltar de Boston a San Francisco haciendo escala en Chicago, algo que yo siempre recomendaría porque se me ocurren pocas ciudades mejores que Chicago en este mundo.

Me gustaría creer que, como dice en el epílogo Pepe Rodríguez, el director del pódcast de pago PepeDiario, ese viaje que plantea la lectura de este libro es “una escapada hacia un lugar mejor”, pero eso no lo puedo decir yo, sino que tienen que decirlo los lectores. Yo lo único que os puedo asegurar es que el título, que se lo debo a una canción de José Ignacio Lapido, y la portada, que se la debo al autor de un blog en el Diario As llamado American Horror Sporty, del libro son insuperables y que esos dos motivos ya son más que suficientes para comprar el libro. Yo lo compraría sin dudarlo ni una sola centésima de segundo porque no sabéis lo que vais a fardar de él cuando vuestros amigos lo vean puesto en vuestra estantería. ¿A qué cuando veis la portada os parece que si compráis ese libro vais a entrar en una logia masónica del deporte o algo así? A mí eso me encanta. Es una buena historia que contar a la gente. ‘Mirad, me he comprado ‘Nadie besa a los perdedores’, un libro sobre una logia masónica en la que entras si te gustan las historias del deporte’. Ayrton Senna está. Y Drazen Petrovic. Y Luka Doncic. Y Roberto Baggio. Y Roger Federer. Y hasta Red Auerbach se fuma un puro también aquí. Vamos, yo querría estar en esa logia masónica sin ningún tipo de duda.

Has hablado de Chicago, y es un tema sobre el que me gustaría volver más adelante, pero antes me gustaría preguntarte otra cosa. Y es que ‘Nadie besa a los perdedores’ no es tu debut como escritor, sino que tenías ya una novela a tus espaldas. Ya que estamos, véndenosla un poco también.

Esta es una buena pregunta por dos motivos. Primero porque me sirve para decirte que ‘Una canción’, que así se llama esa novela, es sin ningún atisbo de duda la novela que menos ha sido publicitada por su autor, es decir, por mí. A veces me pregunto todavía por las razones por la que esa novela pudo ser finalista en la categoría de Best-Seller en la primera edición de los premios Caligrama, el sello de autoedición de Penguin Random House Grupo Editorial. Y segundo porque tu pregunta me introduce de lleno en una de las pocas verdades que me definen como escritor o periodista: nunca, nunca, nunca, nunca quedo contento con mi trabajo. Es prácticamente imposible que yo encuentre un texto mío que me guste. Siempre pienso que lo debería haber hecho mejor, que puedo hacerlo muchísimo mejor. ‘Una canción’ y ‘Nadie besa a los perdedores’ son, en esencia, contrarias entre sí porque la primera era una novela de ficción muy radical en la que yo creé un personaje con el único objetivo de que fuera complicado encontrar empatía con él pero que en mi escritura, precisamente, tenía ese único objetivo, que el lector empatizara con ese personaje; mientras que este libro ni siquiera nace de mí, sino de los lectores. Fueron los lectores los que me pidieron que hiciera esta recopilación con mis trabajos periodísticos (uno de ellos, de hecho, me dio la coña durante horas una tarde de sábado en Madrid y no cerró la boca hasta que me subí al vagón de metro y desaparecí). Yo ni siquiera me lo planteé en ningún momento, pero insistieron durante tanto tiempo y con tanta energía que, al final, me hicieron preguntarme ¿y por qué no? En mi caso, una vez me hago esa pregunta ya no tengo escapatoria.

Ambos libros han sido autoeditados. ¿Cuáles son tus experiencias con la autoedición? ¿Ha habido mucha diferencia entre el primero y este segundo?

En realidad, sí que han sido procesos diferentes. El primero dependía del sello de autoedición de Penguin Random House Grupo Editorial, que es uno de los grupos editoriales más importantes del mundo, mientras que este ha sido a través de Amazon, por lo que no se puede comparar mucho, son dos procesos totalmente distintos. Aunque, como he dicho antes, sufro mucho durante la composición de los textos porque soy extremadamente exigente, también suelo disfrutar mucho del camino, no soy de esas personas que únicamente piensan en el destino, y creo que eso lo he disfrutado todavía más con ‘Nadie besa a los perdedores’, eligiendo los textos, dividiendo el libro en dos partes, buscando una continuidad y un contexto, elaborando la propia narrativa del libro. Además, para mí lo más importante era crear un libro que tuviera un acabado profesional porque era mi máximo temor y estoy muy orgulloso del resultado final. Me encanta, me apasiona. Evidentemente, eso no es mérito mío, sino de la persona que se ha encargado del diseño y de la maquetación. Llevo más de dos décadas trabajando en el periodismo, que, como la mayoría sabrá, es una profesión plagada de egocentrismo, pero a mí lo que más me ha enseñado esta profesión es que no hay nada como confiar en la gente que está a tu alrededor. No hay nada como disfrutar de un buen trabajo en equipo. Por suerte, el periodismo me ha regalado amigos muy talentosos y creo que en ‘Nadie besa a los perdedores’ la gente se puede dar cuenta, desde la portada al prólogo o al epílogo, de que esto que acabo de decir es una gran verdad.

Antes has hablado de un pesado que te dio la coña durante toda una tarde de sábado y no paró hasta que no te subiste al metro. Para quien no lo sepa, ese pesado era yo. Y eso ocurrió durante, precisamente, la presentación de otro libro, en ese caso el primero de Rubén Ibeas, ‘Lecciones de fútbol americano’. Rubén y tú coincidisteis viviendo en Guadalajara durante su época como jugador de baloncesto. ¿Qué opinas de que dos de los mayores expertos sobre deportes USA coincidiérais allí? ¿Os llegasteis a cruzar en algún momento?

A ver, esto que acabas de decir es, y siento tener que desenmascararte, una gran mentira: Rubén es sin ningún tipo de dudas uno de los mejores analistas de football americano que hay (y, como muchas veces le he dicho a él, también de baloncesto NBA, debería analizarlo más), pero yo no soy ni de lejos nada parecido a un experto de los deportes USA. Ni siquiera soy el mayor experto en deportes USA que ha participado de alguna manera en ‘Nadie besa a los perdedores’, ya que ahí también habría que situar seguro a Pepe y a ti por delante de mí (y a Lucía, si ella se lo propone, también porque está llena de talento). Ni soy experto de nada, ni soy analista de ningún deporte, eso es algo que quiero que quede meridianamente claro. Yo simplemente soy una persona a la que le gusta contar historias, en general, y, muy especialmente, sobre el deporte. He tenido la suerte de poder escribir historias sobre el deporte desde hace dos décadas, primero a nivel local en Guadalajara y después a nivel nacional e internacional desde redacciones en Madrid, y he sido muy feliz pudiendo contar esas historias, tanto en Guadalajara como en Madrid (un inciso: creo firmemente que todo periodista debería empezar en el periodismo local obligatoriamente). Encima he tenido la suerte también de que ha habido a gente a la que le han gustado esas historias, incluso hasta me han dado bastantes premios por ellas. Por desgracia, en cambio, no siempre he podido vivir de ello y dos veces, una en el año 2014 y otra en el año 2019, he tenido que abandonar el periodismo y cambiarme a la comunicación para poder pagar la hipoteca a final de mes. Ahora, de hecho, es la comunicación la que me permite vivir, pero, como contar historias es lo que más me gusta en esta vida (y, tal vez, aunque tengo serias dudas, incluso hasta lo que mejor se me da hacer) de vez en cuando me quito esa espina de contar historias, en Wolcott Field, mi newsletter, en Fan Academy o en ‘Nadie besa a los perdedores’. En realidad, contaría historias en cualquier lado, si me dejaran. Tengo muchísimas ideas para crear contenido, eso por suerte nunca me ha faltado, ni creo que me vaya a faltar.

Regresando a la Guadalajara de finales del siglo XX e inicios del siglo XXI, que es cuando Rubén militó en el extinto CB Guadalajara (Rubén es de Alcalá de Henares), no creo que él me viera nunca, pero yo a él sí: en 1999 fue justo el año en el que yo dejé de jugar en las categorías inferiores del CB Guadalajara cuando estaba en categoría junior, pero seguía siendo aficionado del club, claro. Es muy divertido y alguna vez se lo he dicho a Rubén: en el pasado, yo he animado a Rubén desde la grada cuando él estaba empezando a destacar al baloncesto después de salir de la cantera del Estu. Ahora es una celebridad televisiva y, al igual que me ocurre con Pepe y su podcast PepeDiario y mucha otra gente que está triunfando, me alegro una barbaridad porque, con toda la sinceridad del mundo, se lo merecen a más no poder. Y, qué narices, me alegra de forma infinita que a la gente que se lo merece le vaya bien en la vida. ¿Debería ocurrir eso más habitualmente, no?

Sobre lo que acabas de decir que tú no eres un experto en deportes USA, como dirían por allí, ‘I respectfully disagree’. Y seguro que también lo hacen los subscriptores de Wolcott Field y los que compran tu libro. Bueno, sólo un matiz: claro que no eres experto sólo en deportes USA, lo eres en deporte en general. Pero volveré a cruzar el charco para mi última pregunta. En tu primera respuesta hablas de tu estancia en Chicago, y yo te dije que volveríamos a eso. ¿Cómo es que habiendo vivido un par de años en la Ciudad del Viento no eres fan de mis dos equipos favoritos, los Bears y los Bulls? Me parece ciertamente indignante, no sé cómo eres capaz de conciliar el sueño por las noches.

A ver, a mí los equipos favoritos de un tipo que fue familia de Quincy Jones y que ha visto conciertos en los extintos CBGB’s de Nueva York y en el Troubadour de West Hollywood siempre me van a gustar sean de Chicago o no, aunque todavía me gustarán más, obvio, si son de Chicago porque, básicamente, a mí todo lo que sea de Chicago me apasiona. De hecho, me volvería a ir a vivir allí con mi mujer, que fue la que me llevó a vivir allí en el pasado, ahora mismo sin pensármelo dos veces (eso sí, tampoco me quejo de mi vida actual en Guadalajara, que es mi ciudad y también me encanta). A veces de repente la vida te lleva a lugares insospechados y descubres que, cuando menos te lo esperas y apenas podías imaginarlo, son los lugares que cuadran perfectamente contigo y en los que eres completamente feliz. Para mí Chicago es realmente importante a nivel personal, pero hay cosas que uno no puede cambiar: cuando me fui a vivir a Chicago yo ya tenía todos mis equipos favoritos de Estados Unidos desde hacía muchísimos años y el único que era de Chicago antes de que yo viviera allí eran los gloriosos Cubs. Por ello, la verdad es que duermo muy bien por las noches: la clave es no ser experto en nada y, sobre todo, no querer serlo. En cualquier caso, si te sirve de consuelo, o algo así, te digo que en el United Center animé a tus Bulls en todos los partidos que les vi… salvo cuando el rival eran mis Celtics.

Y ya para acabar: yo soy un periodista diletante (en realidad soy diseñador gráfico, y tengo la suerte de que me dejen escribir alguna cosa en el diario y tener este espacio para expresarme) y tú eres un profesional reconocido (aparca por una vez tu modestia). Así que te pediría, ya como cierre, que me des un titular para esta entrevista.

¿Le estás pidiendo que te titule la entrevista a alguien, es decir, a mí, que le ha ‘robado’ el título de una canción a José Ignacio Lapido para titular su libro, es decir, mi libro? Vale, me parece una idea magnífica. Bueno, fuera de bromas, te contesto. Según mi experiencia periodística, yo creo que aquí tendría que optar por una declaración de la persona entrevistada, es decir, yo mismo, y no por algunos de mis habituales titulares que absolutamente nadie entiende antes de leer el texto, del tipo “Hielo en el infierno”, “Presidente Josiah Bartlet”, “El cementerio de los elefantes”, “El primero en subirse a los árboles” o cosas de esas.  Como siempre, hay muchísimas opciones . Por ejemplo, puedes optar por un titular de esos que siempre nos gustan a la gente que llevamos gafas de pasta y hemos leído a Sartre: “El deporte es el mayor reflejo de la vida”. En cambio, si quieres atraer a la gente ávida de polémica puedes decantarte por “Es prácticamente imposible que encuentre un texto mío que me guste”o “El periodismo es una profesión plagada de egocentrismo”. Ese último lo petaría en Twitter cuando la entrevista fuera publicada. Mientras, a mí me parece realmente divertido desde un punto de vista de marketing para la venta del libro  Por supuesto, también puedes intentar ir por el lado de algo que defina al entrevistado, es decir, que me defina, y en este caso tendrías que apostar claramente o por “Simplemente soy una persona a la que le gusta contar historias” o “Me volvería a ir a vivir a Chicago sin pensármelo dos veces”. Por último, y también en la vertiente que más me define, tienes dos titulares jipistas, muy flower power, que quedarían perfectos en una taza de desayuno: “Me alegra de forma infinita que a la gente que se lo merece le vaya bien en la vida” o “A veces la vida te lleva a lugares insospechados y descubres que eres inmensamente feliz”. Yo me decantaría por alguno de estos dos. Vamos, digo yo. Y, si no, utiliza alguno de los que ya tengas, un “’Cacahuete’ Tillman, de la NFL al FBI”, “El Imperio Contraataca” o “¡Viva Las Vegas!”. A mí, básicamente, me sirven los tres, aunque supongo que los SEO nos matarían si hiciéramos eso… Aunque eso lo hablamos ya otro día, que se me está haciendo tarde. Venga, todos a comprar ‘Nadie besa a los perdedores’. ¿O es que acaso tenéis algo mejor que hacer?

Pues suscribo lo dicho por Sergio: todos a comprar ‘Nadie besa a los perdedores’, lo tenéis disponible en Amazon. Y por mi parte os animo también a suscribiros a su newsletter ‘Wolcott Field’.

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