Verstappen se disfraza de Hamilton

Max Verstappen se disfrazó de Lewis Hamilton en el último gran premio de este atípico Mundial, para romper la tónica habitual de la Fórmula 1 moderna, el dominio incontestable de Mercedes, con una exhibición igual de autoritaria. Verstappen había hecho el sábado la pole y este domingo lideró la carrera de cabo a rabo, por delante de un Valtteri Bottas tan insípido como de costumbre y de un Hamilton mermado físicamente por su convalecencia del coronavirus. La estrella de Red Bull conquistó una victoria diferente a lo que acostumbra, históricamente aliado con la épica, con las heroicidades, con las remontadas… Esta vez no tuvo que llevar su conducción al límite para doblegar a un enemigo superior, no fue un David contra Goliath, sino que dio la vuelta a la tortilla para controlar a sus rivales y para gestionar el coche desde la cabeza. Con los oponentes en el retrovisor, Mad Max también supo asumir el nuevo rol al estilo Hamilton para demostrar su enorme pilotaje. Quizá fue un espejismo, o quizá una puerta abierta al futuro. En 2021 lo sabremos.

A pesar de la soporífera carrera final, el triunfo de Verstappen deja un regusto de esperanza para el próximo Mundial. Hasta el heptacampeón Hamilton, el piloto más favorecido por la dictadura de Mercedes, destacó la conveniencia de una mayor alternancia en el campeonato. “Nuestro deporte lo necesita”, dijo el británico en sus declaraciones de fin de curso. Efectivamente, la Fórmula 1 necesita un monoplaza que rivalice con el rodillo alemán, por el bien del espectáculo y de las emociones, pero incluso por el bien del propio Hamilton, de quien se minusvaloran las victorias por el hecho de manejar un volante superior. Aunque, puestos a elegir, la rivalidad entre dos coches dista todavía de la situación ideal, de una mayor igualdad entre los participantes, de la exaltación del piloto. En 2021 se sabrá.

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