La revolución puede esperar

Aunque luego el resultado le dio, sólo en parte, la razón, la alineación de Ronald Koeman contra el Levante sorprendió a un porcentaje altísimo del entorno del Barça. Cuando todos esperaban con cierta expectación una sacudida después del 2-1 contra el Cádiz y el 0-3 contra la Juventus, el holandés no hizo una sola concesión y sacó su perfil más conservador. Hasta siete supervivientes del humillante 2-8 de Lisboa fueron titulares. A saber, Ter Stegen, Lenglet, Alba, Busquets, De Jong, Griezmann y Messi. Puede ser peor si se rasca un poco más. Probablemente, Sergiño Dest y Araújo jugaron porque Sergi Roberto y Piqué están lesionados y Braithwaite, porque ya Suárez se fue al Atlético. El titular número once, Coutinho, también pertenece a la generación del fracaso de Liverpool.

Más allá de análisis futbolísticos, ya que es posible que Koeman hiciera lo más prudente para asegurar el marcador en un partido decisivo, lo que quedó claro es que, para el holandés, que supuestamente había venido a darle al vestuario la vuelta como un calcetín, la revolución puede esperar. Es cierto que las circunstancias no le están ayudando. Uno de los líderes del cambio, Ansu, se lesionó de gravedad en el partido contra el Betis.

Hay, sin embargo, una situación que puede convertirse en peliaguda para Koeman. Hasta ahora, y al contrario que con Valverde o Setién, nadie le había exigido resultados, sólo valentía para poner a los jóvenes. Ese es su principal aval. El arrojo y el descaro para no casarse con las vacas sagradas. Sin embargo, Koeman prescindió de Pedri en el once contra el Levante. Trincao y Pedri (el único en el que realmente parece creer) salieron un ratito, Riqui y Aleñá ni aparecieron por el partido y, para colmo, acabó jugando con tres centrales después de la extravagante salida de Umtiti al campo, con posible penalti incluido.

Semanas después de gustar mucho en Kiev con un equipo en el que estuvieron Mingueza, Júnior, Aleñá o Pedri, Koeman ha dado un paso atrás por la razón que sea. Como buen conocedor del fútbol, es posible que la reflexión le haya hecho ver que después de cuatro derrotas en LaLiga y un palo como el de la Juventus, meter a los jóvenes con calzador podría suponer una manera de quemarlos. Sin embargo, Koeman se está jugando su credibilidad porque, de cara al exterior, todos esperaban cambios. Exigían cambios. Y van a menos. Será interesante comprobar cuáles son los próximos pasos del holandés contra Real Sociedad y Valencia. Si Koeman sigue poniendo a «los mismos cabrones de siempre» se le demandarán resultados. Y no están siendo los mejores.

 

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