«El combo básico»: Barómetro del Trabajo 2020

El hombre nunca deja de preguntarse por el sentido de la vida. En la vorágine del mundo moderno, la falta de espacio, silencio y tiempo para mirarse a sí mismo transforma esta pregunta en una enfermedad que explota en la cara de quienes, de súbito, se dan cuenta de que su existencia carece de sentido.

A las sociedades les pasa algo parecido, cuando por circunstancias fortuitas, como la pandemia, se produce una pausa y comienza la reflexión sobre la existencia. El cómo se sobrevive a la crisis de salud y económica desata el cuestionamiento por lo vivido y produce un cambio de comportamiento en la medida que se establecen pisos mínimos que la gente ya no está dispuesta a aceptar.

La sociedad chilena desde hace décadas está sobrecargada de horas de trabajo, llena de ineficiencias, malas políticas públicas, errores y ausencia de preocupación, que conducen impetuosamente a un conjunto explosivo de reflexiones de las personas en su intento de dar respuesta al sentido de su existencia.

Hay cientos de miles de personas desempleadas, sin embargo, un diario titulaba hace pocos días acerca de la escasez de trabajadores para una tarea de recolección de temporada. Se culpó a la ausencia de migrantes y que por la pandemia estos no habían llegado. Claramente si el trabajo fuera bien pagado, fuera digno y valiera la pena, no habría escasez. Porque convengamos que las leyes de la oferta y la demanda no cuentan solamente para fijar precios de productos, sino también para la hora trabajada. Curiosamente, el chileno aún no calcula su ingreso en términos de hora trabajada y el nivel de desarrollo que tenemos todavía no lo permite. Quizá lo más interesante del Barómetro del Trabajo es que preguntamos por el valor de la hora de trabajo y la gente no supo qué contestar. No obstante, sí pueden responder lo que gana un médico, un minero y un abogado, por nombrar algunos.

Tres de cada cuatro chilenos creen que el trabajo ayuda a disminuir las desigualdades. Valga la afirmación entonces para echar por tierra el mito de quienes dicen que los chilenos quieren las cosas gratis. Esa idea se cae más aún con que el 49% afirma que se puede acceder a la movilidad social ascendente con un buen trabajo.

Al mismo tiempo se ha establecido un monto promedio mínimo para salario ($474.000), para pensión ($474.000) y para afrontar la crisis ($476.000). Todos en torno a los $400.000, el cual parece inamovible. Chile está llegando al momento en que la vida ha enseñado que hay trabajos que no vale la pena hacer porque el salario que se recibe no merece el esfuerzo. El salario mínimo promedio que piden los chilenos es de más de 400.000 pesos, medido ya por tercera vez en el Barómetro del Trabajo de la Fundación Fiel. Entonces, no cabe duda que cualquier monto debajo de eso será considerado indigno, sin que nadie lo diga o lo declare, simplemente por la lógica de las circunstancias. Porque un litro de leche en nuestro país vale lo mismo que un litro de leche en Alemania y, aunque el chileno no sabe eso, sí sabe que tiene que ser capaz a lo menos de poder comprar pan, leche u otro insumo de alimentación básico.

Pero el monto del salario no es lo único. También hay que considerar el tiempo de traslado, el número de horas laborales y el derecho al tiempo libre. A fin de cuentas, la riqueza no significa solamente tener dinero, sino tener tiempo para vivir fuera del trabajo. La pandemia reveló eso a los chilenos. Darle contenido adicional al sentido de la vida. En Chile, las personas trabajan demasiadas horas, además pierden mucho tiempo trasladándose a sus lugares de trabajo y hay muy poco tiempo libre disponible. La baja productividad guarda una estrecha relación con ello, y es un círculo vicioso negativo. En resumidas cuentas, si hago las cosas a regañadientes, no las haré bien.

En el Barómetro del Trabajo, los chilenos demandan 40 horas de trabajo semanales y cuatro semanas de vacaciones, junto con un sueldo mínimo de 400.000 pesos. Ese es el «Combo básico», el punto de partida para comenzar a conversar sobre una sociedad más equitativa. A ello habría que agregarle un cambio en la política habitacional para no alejar del centro de la capital a los que ganan menos, sino acercarlos para que su tiempo de traslado sea menor. Nadie debería gastar más de una hora y media de traslado desde y hacia el trabajo. Esa debe ser la meta.

Comencemos a hablar de cómo llegamos lo antes posible desde las 45 horas actuales a las 40 horas semanales de trabajo, desde las tres semanas de vacaciones a cuatro semanas, desde las tres y cuatro horas de traslado a la hora y media. He ahí una demanda masiva que requiere urgencia, algo concreto en que trabajar hacia mayores niveles de dignidad laboral.

Barómetro del Trabajo también nos muestra que no basta con tener trabajo, sino que el  tipo de trabajo también importa y el grado de satisfacción que alcanzamos con él. Uno de cada dos chilenos no está feliz con su trabajo. Hagamos política pública para que los chilenos estén felices con sus trabajos y floreceremos.

No menos importante es constatar que, mientras más vulnerable es la condición de la persona, más afirma que es difícil el acceso al empleo. El 52% de los que no les alcanza para llegar a fin de mes dice que es muy difícil el acceso al empleo. Por otra parte, hay una alta correlación a medida que aumenta el ingreso del trabajador, pues este declara que es más fácil el acceso al empleo. En otras palabras, se hace más complejo encontrar empleos de bajos montos que de salarios más altos. Sin duda, esto tiene que ver con las capacidades de los trabajadores, sus oficios, sus destrezas y sus especialidades. Cae de madura la conclusión de la urgente necesidad de capacitar a la fuerza de trabajo de acuerdo con las necesidades de los tiempos.

En efecto, el 31% de la fuerza laboral dice que es muy difícil el acceso a la capacitación, mientras el 24% señala que es fácil. Los límites para desarrollar mejores empleos y mejor capacitados parecen altos. Desmantelar estas barreras parece la conclusión obvia.

En resumen, mientras más bajo el ingreso, la clase social y/o el nivel de educación, más alta es la barrera para: 1) Encontrar empleo; 2) Capacitarse; 3) Acceder a un buen ingreso. Ayudar a las pymes en ese contexto es completamente insuficiente.

Tres de cada cuatro chilenos cree que el trabajo ayuda a disminuir las desigualdades. Valga la afirmación entonces para echar por tierra el mito de quienes dicen que los chilenos quieren las cosas gratis. Esa idea se cae más aún con el hecho de que el 49% afirma que se puede acceder a la movilidad social ascendente con un buen trabajo.

Las actitudes de los chilenos hacia el trabajo muestran que piensan positivamente el impacto que este posee en la vida familiar, en el país y en la interacción entre los chilenos.  Ello viene aparejado de una profunda crítica hacia el Estado, en la que el 61% asegura que la Ley Laboral no los protege adecuadamente.

Asimismo, la opinión que actualmente tienen los chilenos sobre el empleo es lapidaria. Literalmente declaran que el trabajo es INDECENTE:

  • 87%: Los trabajos son mal pagados.
  • 70%: El pago por mi trabajo no es justo.
  • 56%: El número de horas de trabajo no es adecuado.
  • 75%: Mi trabajo no ayudará a tener una jubilación adecuada.
  • 45%: Me he sentido discriminado en el trabajo.

Pero la visión crítica no termina ahí. Una de cada tres se siente discriminada por ser mujer al interior de un ambiente laboral y uno de cada cinco se ha sentido discriminado por su apariencia. La ausencia de estudios, la pobreza, la edad, la comuna de residencia y el color de la piel son otras de las razones de discriminación en el trabajo que surgen de manera espontánea. Esto da cuenta de problemas culturales profundos más allá de lo institucional y legal que aqueja a la fuerza laboral chilena. No es de extrañar que uno de cada dos no esté contento con el trabajo.

Ello lleva a tres demandas centrales en la búsqueda de un trabajo decente que parecen muy razonables:

  • 27%: Sin acoso, sin discriminación, con condiciones de salud mental.
  • 23%: Conciliación de vida personal y trabajo (tiempo libre).
  • 19%: Transporte desde y hacia el lugar de trabajo (política de vivienda).

Más aún, el 39% de la fuerza laboral chilena quiere participar en las decisiones que le afectan en su trabajo.

Finalmente y no menos significativo, la pandemia hace aumentar de 61% en enero a 80% en noviembre de 2020, a quienes piensan que la productividad es importante.

 El trabajador chileno se ha vuelto más consciente de sus derechos, pero a la vez más vulnerable, ya que aumenta de 54% a 73% el miedo al desempleo entre septiembre y noviembre de 2020. Más significativo aún es que este miedo al desempleo se instala en todas las clases sociales por igual.

Eso tiene dos consecuencias importantes. Por una parte, aumenta la convicción de que la unidad de los trabajadores es necesaria de un 6,8 en enero a 8,0 en noviembre de 2020, dentro de una escala de 0 a 10, donde 0 es nada importante y 10 es muy importante. Y por otra, aumenta la desconfianza hacia los empresarios. El 74% dice que lo que es conveniente para el trabajador no lo es para los empresarios, situando los intereses de ambos en polos opuestos.

Los impactos de la pandemia en el comportamiento de la fuerza de trabajo en Chile han sido fuertes y tienden a confirmar que se refuerzan las convicciones sobre los mínimos de un trabajo digno y decente. Todo esto en un momento de bajos índices de empleo y situación de gran incertidumbre laboral.

*Puedes revisar y consultar todos los resultados del estudio Barómetro del Trabajo en www.morichile.cl y en www.fielchile.cl

Hay cientos de miles de personas desempleadas, sin embargo, un diario titulaba hace pocos días acerca de la escasez de trabajadores para una tarea de recolección de temporada. Se culpó a la ausencia de migrantes y que por la pandemia estos no habían llegado. Claramente si el trabajo fuera bien pagado, fuera digno y valiera la pena, no habría escasez. Porque convengamos que las leyes de la oferta y la demanda no cuentan solamente para fijar precios de productos, sino también para la hora trabajada. Curiosamente, el chileno aún no calcula su ingreso en términos de hora trabajada y el nivel de desarrollo que tenemos todavía no lo permite

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