Laia Sanz: «Cuando me ponga el casco, voy a dar lo mejor de mí»

En 2019 llegó después de pasar una mononucleosis, en el Dakar 2020 se cayó en la segunda etapa y corrió mermada hasta el final, y el próximo lo encara tras padecer la Enfermedad de Lyme. Está visto que últimamente no hay Dakar fácil para Laia Sanz (35 años, Barcelona), pero siempre se ha superado ante las adversidades y espera que siga siendo así. Antes de viajar a Arabia, habla con AS.

—Últimamente, no hay Dakar al que llegue en plenas condiciones. Vaya mala racha…

—La verdad es que hasta ahora había tenido bastante suerte porque hay pilotos que se lesionan antes o tienen algún problema. Pero hace dos años la mononucleosis, luego he ido arrastrando alguna lesión y he tenido poca continuidad con los entrenamientos… Espero dejar pronto atrás esta mala racha.

—¿Sabe cómo cogió la enfermedad de Lyme?

—Sí, por la picadura de una garrapata, pero yo no me di cuenta. Vivo en la montaña, hay ovejas y donde hay ganado siempre hay. Tuvimos algunas en el jardín y era muy fácil que sin darme cuenta me picase alguna… Salí a hacer ejercicio y no me di cuenta, ojalá me hubiese dado y no se hubiese alargado tanto el tema.

—¿Cómo lo ha llevado?

—Me ha afectado, psicológicamente ha sido muy duro porque al principio no sabía qué me pasaba, pero sabía que no estaba bien. En las pruebas salía todo bien y te sientes como un loco cuando no te encuentran nada. Tenía cada vez peores síntomas y durante meses, al final, por suerte, encontraron la causa y ya me quedé más tranquila. Cuando te pasan cosas raras y no sabes por qué hay mucha incertidumbre y preocupación.

—Además en un año como esté… Y no solo eso, en Andalucía se dio un buen golpe en el brazo derecho. ¿Se ha recuperado bien?

—Sí, pero seguramente no debía haber ido porque no había montado en moto, llegué muy justita y en el prólogo me caí. Supongo que al estar tan floja se me infectó bastante la herida, estuve dos semanas mal… Eso, espero que se pase esta racha rápido y ya está.

—Con todo esto que le ha pasado, ¿cómo llega físicamente al Dakar?

—Llego justa, no llego de la manera en la que me gustaría llegar a un Dakar, pero tampoco puedo hacer nada. Tengo la conciencia tranquila, he hecho todo lo que podía hacer para estar lo mejor posible y sé que no llego con los deberes hechos como otros años, pero es lo que hay y habrá que intentar dar gas.

—Y también faltan kilómetros encima de la moto.

—Sí, pero realmente la falta de kilómetros no es lo que más me preocupa. Está claro que no he hecho moto, pero con el confinamiento y demás la gente tampoco ha hecho tanta como debería. Me preocupa más el estado físico, porque si fuera por una lesión, te recuperas y estás en forma, no es tan complicado, pero todavía me siento un poco cansada, me canso más de lo normal. Eso es lo que más me preocupa, ver cómo mi físico va aguantando.

—¿Se ha mejorado algo la GasGas?

—Hemos hecho alguna cosa con las suspensiones en Dubái y poca cosa más, porque la moto ya iba muy bien el año pasado y solo se han hecho cambios pequeñitos. La moto está más que probada y va muy bien.

—Después de esto, y de lo que pasó en el último Dakar que se hizo tan duro, ¿cómo ha recuperado la ilusión por volver al desierto y de nuevo subida en una moto?

—Al final, me encanta ir en moto y eso no va a cambiar. Está claro que el año pasado no fue un Dakar fácil de gestionar a nivel psicológico por todo lo que pasó y que en ese momento se te pasan las ganas de ir en moto, pero nos encanta lo que hacemos y lo que quieres es ir en moto, dar gas y disfrutar del desierto. Todos somos conscientes de que es un deporte muy arriesgado.

—Sabemos que quiere un coche para el futuro, pero también lo tiene en el presente con el Extreme E y junto a Sainz. ¿Cómo ha sido esa experiencia en los test?

—Te puedes imaginar… Que te llame Carlos para hacer una cosa así me hizo muchísima ilusión. Soy totalmente nueva en este mundo y estoy intentando aprender a marchas forzadas y escucharle mucho a él y a los ingenieros, ser una esponja. Estoy en el mejor sitio para aprender, me habían dicho que Carlos era muy bueno probando coches y muy exigente, y estando a su lado se ve, por algo está donde está. Muy contenta de trabajar con él.

—Al final es una pretemporada muy agitada entre la moto y el coche, ¿lo ha compaginado bien?

—Sí, de Extreme E hemos hecho dos test que han sido cortos y tampoco te quita tiempo, son como mis días libres que en lugar de estar en casa vas a hacer esto. El año que viene son cinco carreras que no coinciden con nada importante y se pueden combinar, y tampoco tiene un desgaste físico ni te deja machacado para no poder entrenar. No lo veo una desventaja para poder competir en moto después.

—Volviendo al Dakar, ¿lo ve menos peligroso este año?

—Esperemos que sí, Castera (David, el director) sabe muy bien lo que hace. Con el último debieron tener algo de miedo de pasarse de dificultad y tiraron por hacer un Dakar muy en línea, muy rápido, y creo que este año será más lento, con más navegación. Castera ha corrido en moto, sabe lo que es, escucha a los pilotos y a nadie le interesa un Dakar como el anterior.

—¿Le convencen las nuevas normas, como la de los seis neumáticos traseros para todo el rally?

—No creo que hagan que vayamos más lentos, va a hacer que pasen más cosas, pero no creo que nadie salga a la etapa pensando en cuidar los neumáticos. Todos saldrán a tope. Creo que lo del pistón (habrá sanciones a partir del segundo cambio) quizá marcará más diferencias y hará ver quien tiene motos más fiables. Vamos a ver qué pasa, pero tampoco creo que baje mucho el ritmo.

—Otra gran preocupación, como hemos visto esta semana, es el coronavirus. ¿Hasta qué punto le preocupa?

—Claro, esto preocupa un poco y también vivimos en una época de mucha incertidumbre, pero ASO es muy grande, habrá trabajado anticipando que pueden pasar cosas de este tipo. Tendrán una solución para que todos lleguemos a tiempo y la carrera pueda hacerse sin problemas.

—¿Cómo va a llevar la vida en el vivac?

—Está claro que todos ahora nos relacionamos menos, y así debemos hacerlo, pero en el equipo, cuando estuvimos en Dubái, una vez entras en la burbuja con todos los PCR estás un poco más relajado. No quitan de todo el riesgo, pero cuando estemos en el vivac y más controlados, va a ser todo algo más normal con el equipo, aunque manteniendo las distancias.

—¿Cuál es su objetivo principal este año?

—Acabar, lo primero, y luego veremos. No quiero pensar en un resultado concreto, solo en acabar y ver cómo me voy encontrando. Lo que sí sé seguro es que una vez que me ponga el casco voy a tener ganar de dar gas y de dar lo mejor de mí, pero vamos a ver el físico hasta dónde me deja tirar.

—En sus diez participaciones ya ha demostrado lo dura que es, por mucho que le pase siempre ve la meta. Así que el 11 de 11 puede ser posible.

—Sí, espero que sí. Voy allí con esta idea. Pueden pasar muchas cosas, incluso cuando estás bien, pero hay que ser positivo. Intentaré desconectar mucho de todo, olvidar este año, e intentar disfrutar lo máximo posible dentro de lo que se sufre en un Dakar e ir día a día.

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