Del espejismo del derbi al suicidio de Wolverhampton

Si pésimo será el balance de 2020 para la historia de la humanidad, peor aún será recordado por los pericos, que a la carga de una terrible pandemia deberán añadir sus agrias emociones deportivas. Las de la peor temporada en los 120 años del club. Y eso que los primeros compases de enero arrojaron algo de luz a una situación que ya amanecía gris, con el Espanyol de entrada a cinco puntos de la permanencia en Primera División.

La llegada de Abelardo Fernández al banquillo en lugar de Pablo Machín, que se había concretado en los últimos coletazos de 2019, procuró una alegría inesperada. Casi un momento de euforia única en una campaña de continuos sinsabores. En el debut del técnico asturiano, empató el Espanyol a dos goles ante el Barcelona, en el derbi del RCDE Stadium, con un explosivo gol de Wu Lei en el minuto 88.

Después llegaría, en LaLiga, una recordada visita al Estadio de la Cerámica, en medio de una torrencial lluvia y de un goteo todavía mayor de aficionados blanquiazules, más de 3.000, que acompasaron la esperanzadora victoria del Espanyol por 1-2 y el estreno, en el césped y en los goles, de Raúl de Tomás.

Precisamente el fichaje del delantero, junto a Adrián Embarba, Leandro Cabrera y Oier Olazabal supusieron un desembolso de 41 millones para la entidad en enero, el mayor de la historia en cualquier ventana de mercado, con el recién retornado José María Durán (como director general) y Francisco Joaquín Pérez Rufete (después de que Óscar Perarnau fuera relegado a la secretaría técnica) como artífices del nuevo giro de timón de la era Chen Yansheng.

Y. mientras el equipo iba dando la cara en casa, ante Athletic Club o Mallorca, fuera se desangraba, ante Granada, Sevilla o Valladolid, con un sinfín de errores groseros y expulsiones. Lo que sucedió en enero en la Copa del Rey, al caer eliminados por la Real Sociedad sin pena ni gloria, se sublimó a finales de febrero en los dieciseisavos de la Europa League.

Abelardo, que había jugado con un once bastante definido, decidió componer una alineación repleta de suplentes, con los que apenas había contado, ante el potente Wolverhampton Wanderers. El resultado fue un sonrojante 4-0 y, obviamente, la eliminación. Un suicidio del técnico ante los menos habituales que tampoco debió de gustar a quienes venían cargando con el ‘marrón’ en LaLiga. Estaba por llegar marzo…

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