Ibrahimovic da su once ideal… y vuelve a atizar a Guardiola

Zlatan Ibrahimovic camina con paso firme rumbo a los 40 años, instalado aún en la élite del fútbol mundial. Su regreso al Milan, tras su paso por Los Angeles Galaxy y la MLS, trajo de nuevo el espectáculo a la Serie A italiana. Ahora, a punto de despedir un 2020 atípico, Ibra se confiesa en una extensa entrevista concedida a La Gazzetta dello Sport.

De entrada puede parecer arrogante, pero sus más de 20 años en la élite del fútbol mundial le dan licencia para mostrarse como uno de los futbolistas más importantes de todos los tiempos. Desde sus inicios en el Malmoe, ha pasado por Ajax, Juventus, Inter, Barcelona, Milan, PSG, Manchester United, Los Angeles Galaxy y otra vez Milan, el club que le marcó. «He jugado en muchos clubes y tengo respeto por todos. Pero el Milán es el club en el que me siento como en casa. Voy a Milanello todas las mañanas y no tengo prisa por volver a casa. Así me sentí la primera vez que vine a Milán, fue en 2010. Con Galliani y Berlusconi, con el equipo, todos los que trabajaban allí, había otra sensación, otra atmósfera. Me dijeron: ‘Estás en casa, haz lo que quieras pero tienes que dar resultados’. Me gustó esto porque podía ser yo mismo y al mismo tiempo jugaba en uno de los clubes más grandes del mundo. Por eso para mí el Milan es estar en la cima».

Ibra tiene una larga trayectoria donde ha tenido la ocasión de jugar con los mejores y al ser preguntado por su once ideal no duda en incluir a Xavi, junto a Vieira: «El Barcelona era un equipo de fenómenos: primero seis meses arriba, luego por culpa del técnico (Guardiola) no estaba bien…». También, cómo no, a Maradona, al que antepone por delante: Maradona, porque es el más fuerte de todos los tiempos. Sí, él también era más fuerte que yo». Bufon, Nesta y Cannavaro, del que dice: «Estaba más loco que yo», Maxwell, Maicon, Nedved, Vieira, Xavi, «el centrocampista ofensivo Zidane»… Ronaldo, «el fenómeno, mi ídolo» y Maradona.

En la citada entrevista muestra algunas de sus facetas más personales, como sus comienzos. No duda en reconocer sus orígenes humildes, desde «el gueto», cómo conoció a su mujer Helena y cómo se la ligó y cómo intentó impresionarla con su Ferrari rojo y también de sus espinas, nunca ganó el Balón de Oro.

«Nunca iba al centro, era de Rosengard, el gueto. La primera vez que estuve allí y vi a todas esas rubias, parecía una película, tenía 17 años, era otro mundo para mí. Me gustó y empecé a ir al centro todo el tiempo, Por la tarde. Un día la vi en la estación, por casualidad, se bajó de un taxi, yo estaba con mi hermano. Le dije, guau, tarde o temprano la conoceré. (..) Ella no sabía quién era yo. Te escribí, soy el que tiene el rojo … Tenía un Ferrari rojo. Qué figura de mierda. Pero cuando vienes del gueto, es bueno tener un buen coche. Es una señal de que lo has logrado. Tenía 19 años, me acababa de mudar al Ajax. Ella me miró como un niño pequeño, pero no me rendí».

En lo deportivo reconoce que ganar es su gran «droga», aunque pese a ello le quita importancia al hecho de no haber ganado nunca un Balón de Oro: «No cambiaría mis 12 Guldbollen (el reconocimiento anual al mejor futbolista sueco en cualquier liga del mundo que ha ganado en 12 ocasiones, la última precisamente este año) por uno de France Football. Porque para mí significan continuidad. He visto a muchos que han ganado la Copa del Mundo, la Eurocopa, la Champions League, incluso el Balón de Oro, han tenido una año maravilloso, fantástico, luego desaparecieron. Pero he estado en el juego durante 25 años. Siempre en la cima. Siempre en la cima. Entonces no cambio nada por nada, porque algo es como un nocaut, un golpe de suerte. Esto no es un golpe de suerte. Hay una gran diferencia «.

Respecto a los goles, ha marcado muchos, más de 500 en más de 1.000 partidos, pero se queda con uno, el que marcó en 2012 a Inglaterra, en la Eurocopa: «Mi gol contra Inglaterra en 2012. Al revés desde 40 metros. Arriba. Esa es mi visión de una patada de bicicleta. Y luego están las bicicletas que robé cuando era joven, no una, muchas: para ir a entrenar tenía que hacer 7 kilómetros, no tenía dinero para comprar una y si encontraba uno en la calle, la tomaba ‘prestada’ y luego la devolvía.

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