El Sevilla tiene la mecha encendida

El Sevilla cerró su espectacular 2020 con un triunfo de peso ante un rival directo como el Villarreal. El dominio del área propia y rival fue lo que desniveló la balanza de un partido en el que los locales sufrieron mucho más de lo que terminó dictando el marcador.

Si bien ambos equipos saltaron al césped con los onces esperados, el planteamiento de Unai Emery cogió con el pie cambiado a Julen Lopetegui. El Villarreal optó por jugar con dos puntas y con Trigueros acostado en la banda izquierda, lo que generó tremendos problemas al Sevilla para salir con el balón jugado, mientras que quitarle la pelota a sus adversarios parecía una misión imposible. En su regreso al Sánchez Pizjuán, el técnico de Hondarribia recordaba la clase de entrenador que es.

Pero con lo que no contaba Emery era con el que el partido se le torciera en una jugada absurda. A los seis minutos, Foyth defendió con la mano despegada del cuerpo un disparo de Acuña desde la frontal que tampoco parecía entrañar un gran peligro. Soto Grado señaló córner, pero terminó corrigiendo su decisión tras revisar la jugada en el VAR a instancias de De Burgos Bengoetxea. Ocampos, como de costumbre, asumió la responsabilidad y, también como de costumbre, convirtió la pena máxima engañando a Asenjo.

Lejos de acusar el golpe de verse por debajo en el marcador, el Villarreal siguió con su plan puesto que no había dejado de funcionar. Gerard Moreno desequilibraba todo el sistema defensivo del Sevilla y las llegadas por ambas bandas eran continúas. El problema es que el dominio no se tradujo en ocasiones claras, como demuestra la ausencia de tiros a la portería de Bono en la primera mitad. La sensación de peligro era constante y el Sevilla sólo pudo asomarse en ataque a balón parado. Y pese a la escasez de su producción ofensiva, Diego Carlos tuvo en sus botas ampliar la ventaja en el marcador en dos jugadas de estrategia, marchándose una arriba y siendo desbaratada la otra por Asenjo con una buena parada.

El inicio de la segunda parte fue un calco absolute del de la primera. El Villarreal aumentó su dominio pero iba a ser castigado de nuevo cuando menos lo podía esperar. Y la jugada del segundo tanto del Sevilla no pudo definir mejor lo que estaba siendo el partido. Diego Carlos arrebató a Fernando Niño un gol cantado. Su despeje fue controlado por Peña, al que Ocampos presionó para quitarle el balón y filtrar un pase perfecto a En Nesyri. Con metros por delante, el marroquí fue imparable y definió a la perfección ante Asenjo. el juego decía una cosa y el marcador, otra muy distinta.

Quedaba un mundo y el Villarreal no iba a arrojar la toalla, siendo el momento de que emergiera la figura de Bono. El portero sevillista salvó en tres minutos tres ocasiones consecutivas parando un mano a mano a Pedraza, un disparo durísimo a Chukwueze y evitando un gol en propia puerta de Fernando. El Sevilla parecía destinado a acabar el año a lo grande y sólo la sanción de Fernando de cara al derbi hace que la sonrisa no sea completa.

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