«He visto dos personas de 17 y 18 años en parada que no salieron»

La tercera ola de la pandemia está azotando con fuerza a España y los sanitarios que trabajan en primera línea acusan el desgaste físico y mental que supone lidiar con la presión hospitalaria cada día. Así lo ha manifestado Alma Blanco, enfermera de UCI del Hospital 12 de Octubre de Madrid. En una entrevista con ‘El Intermedio’, la sanitaria contó las terribles cosas que ha tenido que ver en el último año: “En general, lo que más recuerdas siempre son las muertes. Sobre todo, cuando son pacientes jóvenes”.

“Ha pasado varias veces, pero yo he visto dos: un chico de 17 y una chica de 18. Están bien en casa, empiezan con algo de dificultad respiratoria, vienen a urgencias y te llaman porque hay una parada cardiorrespiratoria, te pasas mucho tiempo reanimando y esa persona no sale. Eso te deja devastado”, añadió.

Sin embargo, destacó que “lo peor ha sido lo último porque es lo que te queda de que podrías haber hecho otra cosa”. En este sentido, relató el caso del último paciente al que tuvo que entubar. El hombre quería llamar a su mujer para tranquilizarla, pero, al ver que tenía unos valores tan justos, Alma y la médica que le acompañaba le dijeron que mejor la llamara después. “Lo peor es saber que ese paciente, que no se despertó, no se pudo despedir de su mujer, y que su mujer no se pudo despedir de él”, lamentó.

Presión hospitalaria

Uno de los aspectos que más le preocupan actualmente es la gente que caiga enferma en los próximos días. “El que ya está en UCI ese paciente va a estar super bien tratado y tiene su cama, pero ¿qué va a pasar con el que se ponga malo ahora?”, planteó. Y es que el escenario del centro donde trabaja es bastante desesperanzador.

Cuando dicen que el 80% de las camas UCI están ocupadas es mentira, el 100% está lleno. Lo que pasa es que han ampliado muchas camas y parece que esas no están llenas. Pero cuanto tú tienes tres UCI, has abierto cuatro más y tienes tres llenas estás saturada, el sistema está colapsado”, explicó respecto a la situación UCI en el Hospital 12 de Octubre. “Tienes atención primara mal y las plantas fatal, cerrando plantas de pediatría para meter más adultos COVID”, concluyó.

Condiciones precarias

Natural de Sevilla, Blanco llegó a Madrid en marzo con contrato COVID, unos contratos que ha calificado de “precarios”, ya que dificultan algo tan importante como conseguir piso: “En Madrid, cuando alquilas piso te piden un año y contrato indefinido. A mí me hacen contratos de seis meses y diciéndome que en cualquier momento me echan”. Caber recordar que los contratos COVID estipulan que los sanitarios pueden ser trasladados en cualquier momento “donde la Consejería de Salud quiera”. “Si me niego no voy a trabajar en la sanidad pública un año”.

Asimismo, reveló que su salario puede llegar a 1.600 el mes en el que más cobre. “Somos las enfermeras peor pagadas de España, en el resto de comunidades cobran más”, criticó.

Ayuda psicológica

Todo lo vivido ha llevado a la sanitaria a sentirse “cansada” y a tener que buscar ayuda psicológica. “Empecé con las crisis de ansiedad en la segunda ola”, cuenta. La enfermera recuerda que pudo gestionar bien su primer día de UCI COVID en la segunda ola, pero que en el segundo le costaba respirar y se puso a llorar cuando subió al coche. Ahí se dio cuenta de que necesitaba ayuda: “He ido al psicólogo, me pareció importante. Pensé que si me daba una crisis de ansiedad antes de ir a trabar o me había equivocado de trabajo o necesitaba ayuda psicológica. Y como me encanta mi trabajo decidí buscar ayuda”.

No obstante, incluso en los peores momentos aparecen recuerdos bonitos que arrojan algo de luz, como las recuperaciones de los pacientes: “La primera videollamada es muy bonita”. Aunque la enfermera señala que lo más positivo “es el compañerismo y la lucha”.

Mensaje a políticos y ciudadanos

Por último, Blanco lanzó un mensaje a los políticos, solicitando que prioricen la salud de las personas por delante de la economía: “Yo entiendo que esas personas tienen que velar por una economía, pero si tenemos a media población enferma, muy malita, con un sistema sanitario colapsado y muriendo cada día… No podemos tener una economía si nos estamos muriendo. Nuestra prioridad tiene que ser la salud a día de hoy”.

También se dirigió a los ciudadanos para pedirles responsabilidad. Trabajar con pacientes COVID ha tenido un fuerte impacto en su vida personal: “Manejo a gente con cargas virales muy altas. Yo veo al que se contagia y está en un estado crítico. Y, como no quiero poner en peligro a nadie de mi familia, llevo un año sin darles un beso. Sin abrazar a mi madre, a mi hermana”. Por ello, no entiende a la gente que sale de fiesta: “Me encantaría que la persona que estaba de fiesta se viniera a un turno conmigo. La primera vez que cualquier persona sanitaria ve a un paciente pronado el impacto es muy duro. Yo le diría a esa gente que le pusiera la cara de un ser querido a ese paciente y se preguntara si le gustaría verlo así”.

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