Crónica de una muerte anunciada en Marsella

Desde ayer por la tarde, André Villas-Boas ya no es entrenador del Olympique de Marsella. En una rueda de prensa histórica, el técnico portugués anunció su dimisión al estar en desacuerdo con la dirección deportiva por la incorporación de Olivier Ntcham, jugador que había rechazado por no cumplir con las pautas de su estilo de juego y que ha agravado la crisis que vive actualmente el histórico francés.

La destitución de Villas-Boas es la punta del iceberg de una serie de acontecimientos que han terminado por desestabilizar al Marsella, uno de los equipos más inestables del fútbol europeo y que actualmente vive una crisis de resultados e institucional. Antes, los ultras del OM asaltaron la ciudad deportiva el sábado, provocando graves disturbios con varios jugadores y obligando a la LFP a suspender el encuentro contra el Rennes.

Villas-Boas, que llegó al banquillo del OM en junio de 2019, había devuelto a la entidad a su hábitat natural, el de volver a la Champions League. Con una plantilla limitada y sin su mejor jugador lesionado durante toda la temporada (Thauvin), el técnico portugués consiguió dotar al equipo de un sistema de juego bastante reconocible y no solo eso, sino que realizó una campaña histórica, logrando la segunda posición en la Ligue 1 y recuperando la ilusión de una afición acostumbrada a fracasos históricos por resultados. En 2016, Franck McCourt había adquirido el club por 40 millones, realizando una gestión muy criticada por los sectores más radicales del OM, llegando a amenazar de muerte a su brazo derecho, el presidente Jacques-Henri Eyraud.

Los problemas con Villas-Boas, a pesar de los buenos resultados, comenzaron en enero de 2020. El Marsella buscaba un cambio de rumbo en su estrategia deportiva y se hizo con los servicios de Paul Aldridge, muy criticado por su gestión en el fútbol inglés y artífice de los fichajes de forma irregular de Tévez y Mascherano en el West Ham, además de haber provocado una crisis histórica en el Bolton. Aldridge fue contratado por Eyraud para intentar vender a varios jugadores en Inglaterra y reavivar las arcas del club, lastrado por el Fair-Play Financiero debido a una gestión de gasto bastante problemática que había aumentado el déficit en casi 500 millones de € en apenas cuatro años.

Villas-Boas criticó fuertemente la contratación de Aldridge y su relación con la dirección deportiva era prácticamente inexistente. El de Oporto pidió en marzo mayor responsabilidad en la toma de decisiones para Zubizarretta, director deportivo del OM, pero el vasco sería destituido de sus funciones en mayo, provocando una grieta irremediable entre el entrenador y la dirección deportiva. Solo la insistencia de los jugadores provocaron la continuidad de Villas-Boas, cuya confianza en el proyecto era cada vez menor y cuya posición estaba más que cuestionada.

Eyraud decidió darle las riendas de la dirección deportiva a Pablo Longoria, avalado por su gran trabajo en el Valencia y el fútbol italiano y por su gran conocimiento del mercado de fichajes. Sin apenas tener margen de maniobra por la difícil situación económica imperante, el español trajo a Balerdi, Cuisance y Luis Henrique para reforzar al equipo. Este último fue la que incrementó la tensión con Villas-Boas, ya que el portugués aseguró en noviembre que la dirección deportiva se había equivocado con su fichaje, pensando que podía actuar de 9 cuando en realidad era un extremo izquierdo sin características para actuar como referencia.

La punta del iceberg llegó en enero de 2021 con el fichaje de Ntcham. El Marsella había vendido a Sanson al Aston Villa y había realizado un mercado de fichajes brillante, consiguiendo las contrataciones de Milik y Lirola y liberando masa salarial con las ventas de Strootman al Genoa y de Mitroglou al Aris de Salónica. Sin embargo, la contratación del centrocampista del Celtic, al cual había rechazado Villas-Boas un año antes con Zubizarreta en los mandos, provocó la dimisión del luso, dejando al OM en una complicada tesitura. El conjunto marsellés lleva tres derrotas consecutivas en la Ligue 1, tiene a los ultras en contra de la gestión del club y, ahora mismo, ningún entrenador tiene ganas de coger las riendas de un proyecto venido a menos en los últimos meses.

El Olympique de Marsella es, actualmente, uno de los equipos más inestables de Europa. De los cuatro años de la gestión McCourt, el equipo solo se ha metido una vez en la Champions League y ha cerrado ejercicios con pérdidas históricas. Sin prácticamente tiempo para remediar la situación, el futuro que se avecina es incierto, lleno de minas y sin certezas que puedan garantizar la continuidad de muchos jugadores. Jugadores franquicia como Thauvin o Payet están siendo muy criticados y ambos jugadores no se pueden mirar en el vestuario, tal y como confirmó Villas-Boas hace varias semanas. Sin duda, los próximos partidos marcarán las directrices de uno de los proyectos con más grietas del fútbol francés.

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