Ricky Rubio y Juancho tienen nuevos jefes en Minnesota

Minnesota Timberwolves tiene nuevos dueños. Alex Rodríguez, tres veces MVP de la MLB (béisbol) y expareja de Jennifer Lopez, y Marc Lore, magnate del comercio electrónico, han comprado por 1.500 millones de dólares la franquicia a Glen Taylor, dueño de los Wolves desde que los adquirió en 1994 por 88 millones de dólares. Los nuevo copropietarios irán al 50% y la adquisición también incluye a las Minnesota Lynx, el equipo de la WNBA. La operación ha tardado más de un mes en cerrarse, el periodo estipulado para una negociación exclusiva. A pesar de ese contratiempo, ambas partes continuaron en la mesa gracias a las buenas relaciones entre las partes.

La compra, de todas formas y a la espera de una confirmación oficial, será paulatina. Habrá un periodo de transición durante dos años y medio en el que los dos nuevos dueños trabajaran codo con codo con el grupo de propietarios de Taylor como socios limitados. Pasado ese lapso, y ya cumplidos los 30 años de Taylor al frente de los Wolves, las riendas cambiarán definitivamente de mano.

Con la llegada de Rodríguez y Lore se espera como un soplo de aire fresco en una franquicia que languidece temporada tras temporada. Este año se quedarán fuera de los playoffs y presentan ya una solo presencia en 17 años. La última vez que acudieron a las rondas por el título fue en 2018 y cayeron en primer ronda frente a Houston Rockets (4-1). También aportaría un sabor dinámico y diverso al establo de propietarios de la Liga, rociando una pizca de glamour en una franquicia que rara vez ha estado en el centro de atención.

¿Equipo en Minnesota?

Una de las grandes dudas es conocer los planes futuros de Rodríguez y Lore. Principalmente, si mantendrán al equipo en Minnesota, uno de los mercados más pequeños de la NBA. Ese es el deseo de Taylor, que ya logró salvar una mudanza en 1994 hacia Nueva Orleans cuando se abalanzó de la nada para comprar el equipo de los propietarios en dificultades Harvey Ratner y Marv Wolfenson y ve al equipo como una confianza pública, una especie de regalo de él a la comunidad del baloncesto. Quiere que ese regalo resista la prueba del tiempo mucho después de que él se haya ido.

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