Un reflejo…

Como definición: «El término reflejo proviene del latín reflexus y tiene varios usos. Un reflejo puede ser una respuesta involuntaria frente a un estímulo; la luz reflejada o la imagen de alguien o de algo que se refleja en una superficie; aquello que pone de manifiesto otra cosa…».

Creo que este año ha sido uno de muchos reflejos y, por ello, de muchos refugios. En este 2020-2021 la masa, el pueblo, se ha refugiado, atrincherado en esta sensación eterna del complot del «no es justo»… sin tapujos y sin mirar donde están colocadas las «porterías» esta temporada.

Mi padre siempre me recordaba que un fiel reflejo del estado de ánimo de una ciudad es la grada, su coliseo, ya que suele ser el refugio, el patio del ánimo del pueblo o de la ciudad que este año ha estado vacío. No hemos podido estar animando, defendiendo a los nuestros, pero nosotros tampoco nos hemos sentido defendidos fuera…. Esa sensación de vacío no sólo se ha reflejado en las gradas, esas gradas han sido un reflejo de ese ánimo y sensación de la sociedad de que hablaba mi padre…que este año es una de perdida para muchos.

Fuera de nuestros coliseos; un copia pega, las calles vacías, nuestros puntos de encuentro donde ejercemos el debate y conversamos sobre la esfera publica; vacíos. La sensación de impotencia y entendimiento se agota y se ha visto reflejado esta temporada.

Un guiri dijo (en uno de sus momentos de sabiduría) que en España «les encanta el fútbol porque necesitan a alguien en quien cagarse». Retomando esa reflexión (y la primera) mirando las gradas y nuestras calles, tanto dentro como fuera, desafortunadamente el protagonismo este año se ha desviado a nuestros «árbitros». El espectáculo ya no lo ganan los gladiadores en sus coliseos vacíos… lo dicta el emperador con sus apóstoles en el VAR, y fuera en las calles más de lo mismo. La sociedad se siente robada; robada de sus momentos de felicidad y lamentablemente abandonada con una filosofía institucional del sálvese quien pueda.

Esto ha derivado en que busquemos refugio en nuestras trincheras defensivas del totalismo y «a toda costa»; «si no estás conmigo estás en contra».

En la búsqueda de líderes que nos unifiquen y nos guíen, los intérpretes del orden cobran un peso nunca visto, cada decisión es vista como el emperador apuntando abajo o arriba, sentenciando el espectáculo… las palabras medidas, lógica y empatía evaporadas ya por el calor del 2020.

Esta temporada debería ser recordada no sólo por esas gradas y ciudades atrincheradas en su frustración, sino por las consecuencias de dónde hemos buscado «en quien cagarnos», en los que intentan imponernos el orden.

A nuestros gladiadores se les nota cansados, desubicados en una competición «sin sentido» y «sin una causa». Mientras el mundo ha tenido que parar vemos que la corporatocracia no. «The show must go on», pero ¿para quién?

Queremos nuestros 90 minutos, los 90 minutos donde todos, desde distintas aceras de la ciudad, coincidimos en apoyar a algo en común; esto se ha echado mucho en falta…

Espero que la temporada que viene dejemos de excusar «a toda costa» los resultados desde nuestras trincheras, y que no estemos a la caza del protagonista de la derrota y que podamos mirar a las gradas con una sonrisa, contentos como con reflejo, haciendo que busquemos un nuevo protagonista en «quien cagarnos».

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