René Cortázar y los padrinos del «partido del orden» que buscan un lugar en la Convención Constitucional

“A los 69 años soy candidato por primera vez y la razón simplemente es que estoy convencido de que lo que ocurra en esta Convención va a ser clave para el país. Nosotros llevamos un periodo bastante largo de deterioro en la convivencia muy fuerte y un periodo muy largo en el frenazo de desarrollo“, dijo el candidato a la Convención Constitucional, por el distrito 8, René Cortázar –en Radio Agricultura el 22 de marzo–, dando cuenta de su interés en el proceso, el que coincide con la postulación de exaltos cargos de Gobierno y con las mejores cartas políticas de los distintos partidos.

Militante DC, economista y exministro de los expresidentes Patricio Aylwin y Michelle Bachelet, Cortázar reúne una vasta red de apoyos que conjugan la política y los poderes económicos. Entre sus focos está una reforma al sistema político, reduciendo en pocos bloques las fuerzas políticas del Congreso, para facilitar acuerdos, algo muy parecido al sistema binominal, pero «distinto», según dice. Ha sido parte de los directorios de varias importantes empresas, entre otras, las siguientes: Aes Gener, Entel, CorpBanca y La Polar –siendo multado con 700 UF por faltas administrativas en el marco del escándalo de las repactaciones ilegales de crédito realizadas por esta multitienda–. Sus vínculos de poder se extienden también a los medios de comunicación, donde llegó a ser director ejecutivo de TVN durante 5 años y presidente del directorio de Canal 13.

Dados sus fuertes vínculos políticos y empresariales, Cortázar es uno de los “niños símbolos” del llamado “partido del orden”, ese que es transversal a diversas posiciones ideológicas y que tan fuerte fue al interior de la Concertación de Partidos por la Democracia –Enrique Correa del PS, Gutenberg Martínez de la DC y Daniel Fernández del PPD, entre muchos otros– y que cumplió un rol fundamental en la adecuación de la política en pos de ciertos intereses económicos.

Por esta razón, no llama la atención que los aportes recibidos por su campaña se cuenten entre los más cuantiosos y que los padrinos o aportantes de esos recursos se ubiquen dentro de lo más selecto de la elite empresarial chilena.

Según cifras del Servel, Cortázar ha recibido aportes por $49.582.467, lo que se suma a un crédito con mandato de $30 millones y a un aporte propio por otros $60 millones. En el desglose de aportes de terceros, $3.960.000 corresponden a donaciones sin publicidad, es decir, quienes mantuvieron su nombre en anonimato. Entre aquellas con publicidad, el mayor aporte es de $9.043.200 y corresponde a Pablo Echeverría Benítez, quien lidera Moneda Asset Management, uno de los fondos de inversión más grandes de Chile y que maneja, junto a BTG Pactual y Altis, el fideicomiso del Presidente Sebastián Piñera. Moneda Asset se ha visto envuelta en varias polémicas, siendo una de las últimas la relativa a los intereses económicos que posee en los Casinos Enjoy, beneficiándose con un decreto presidencial que permitió a la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ) otorgarles una nueva prórroga a los compromisos de Enjoy, lo que evitó que se hicieran exigibles boletas de garantía que, de cobrarse por el fisco, le hubiesen significado la quiebra.

Otro de los ilustres aportantes de Cortázar es Horacio Pavez García, uno de los socios mayoritarios de Sigdo Koppers, el importante grupo económico de cuya estructura empresarial también formó parte, hace años, el otrora Mandatario Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

Aunque los montos pueden no parecer muy elevados –Pavez García le aportó $5 millones, misma cifra que entregó al UDI Jaime Coloma Álamos–, la verdadera importancia radica en los nombres de los donantes, y en el poder y vínculos que vienen ligados a ellos. Así es como el exministro de Transportes y Telecomunicaciones de Bachelet sumó como aportante también a Wolf von Appen, uno de los herederos del holding naviero Ultramar, cuya familia se ubica en el extremo derecho del arco político –siendo incluso financistas de la Fundación Pinochet–. Von Appen también le aportó $1 millón a Marcela Cubillos.

Wolf von Appen, además, es miembro del consejo honorario del Centro de Estudios Públicos (CEP), del que forman parte, en el Consejo Directivo, varios importantes integrantes de la elite chilena, como Eliodoro Matte Larraín –expresidente de CMPC–, quien ha colaborado con las campañas del exministro del Interior Gonzalo Blumel y también del candidato a alcalde del PPD en Alto Biobío, Nivaldo Piñaleo.

También es miembro del Consejo Directivo del CEP Carlo Solari –presidente de Falabella–, quien donó $1,5 millones a Juan Luis Ossa –candidato a constituyente en cupo RN– y $2 millones a Sylvia Eyzaguirre –candidata a constituyente en cupo RN– y al también miembro del “partido del orden”, el PPD Felipe Harboe.

Otro miembro de la centroizquierda con nombre propio en el “partido del orden” es el democratacristiano, exsubsecretario del Interior y exministro del Tribunal Constitucional, Jorge Correa Sutil. Aunque si bien ha recaudado mucho menos que Cortázar –en torno a $17 millones–, entre sus aportantes se incluye a su primo empresario y presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Juan Sutil, quien ha contribuido a campañas de políticos de amplio espectro: ha aportado también a la exministra de Educación Marcela Cubillos, así como al exministro del Interior Gonzalo Blumel, y al candidato a constituyente por escaños reservados a pueblos originarios, Santo Reinao Millahual.

A su postura se suma el ahora expresidente de la Sofofa, Bernardo Larraín Matte, quien ha donado $54,5 millones. Entre sus «ahijados» se hallan Gonzalo Blumel, Antonio Walker y Hernán Larraín Matte, de Evópoli; el mismo Jorge Correa Sutil y Patricio Zapata, constitucionalista del ala derecha de la DC; también, Agustín Squella y Cristóbal Bellolio, ambos de la lista del Apruebo.

En el caso de la exministra de Educación Mariana Aylwin, los padrinos del partido del orden también le dejaron caer sus aportes. Es el caso, entre otros, de Juan José Santa Cruz –exdemocratacristiano y actual escudero del candidato Sebastián Sichel–, quien le donó $2 millones.

Según Marco Moreno, analista y académico de la Universidad Central, “hay un intento de seguir influyendo en la política de esa manera. Lo que se busca con ello, más que el poder en sí mismo, es influir en quienes toman decisiones. Por eso hay muchos candidatos del mundo progresista, del centro, que siguen teniendo importantes aportes porque esos candidatos representaron ese estilo de hacer política”.

El estallido social significó un quiebre a lo establecido y eso puede influir en un cambio de la forma en que se hace política y cómo se financia, a juicio de Moreno. “Esos hechos marcan una ruptura con esta práctica política muy instalada en el sistema chileno. El cambio no va a ser de la noche a la mañana y se da espacio a lo que podría ser una nueva política”, sostuvo.

En su opinión, además, este sistema de financiamiento está teniendo un mayor costo para quienes aceptan los dineros. “Se termina perjudicando a los propios candidatos, y terminan haciéndoles un daño. Se puede convertir en una amenaza desde el punto de vista electoral”, subrayó, debido al cuestionamiento ciudadano sobre el origen de las platas.

Aun cuando el estallido social de algún modo le puso una lápida al estilo político del “partido del orden” –ese grupo transversal de políticos, de centroizquierda, centro y centroderecha, con fuertes vínculos con los poderes económicos–, con motivo de las elecciones de convencionales constituyentes varios de ellos buscan reinventarse, insertándose ahora en los listados de candidatos que aspiran a ser elegidos como integrantes del órgano que discutirá la nueva Constitución. Así como los vínculos familiares son muy difíciles de romper, los lazos políticos y empresariales de estos defensores del statu quo son igualmente fuertes, como es el caso de René Cortázar, exministro de Aylwin y Bachelet, quien goza de una gran habilidad para juntar ambos mundos y que ha conciliado en torno a su campaña los aportes de empresarios como Pablo Echeverría Benítez, de Moneda Asset Management –uno de los fondos de inversión más grandes de Chile y que administra parte del fideicomiso del Presidente Sebastián Piñera–; de Horacio Pavez García, uno de los controladores de Sigdo Koppers –grupo económico de cuya estructura empresarial también fue parte en su origen el otrora Mandatario Eduardo Frei Ruiz-Tagle–; y Wolf von Appen, uno de los herederos del holding naviero Ultramar, cuya familia se ubica en el extremo derecho del arco político –siendo incluso financistas de la Fundación Pinochet–.

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